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Las muchas caras de la ocupación

Publicado: 19 octubre, 2014 de accionenredinternacional en Sin categoría
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La ocupación puede tomar muchas caras, algunas pueden disfrazarse incluso de iniciativas verdes.
Así nos describen Saber Jaber e Ilan Pappé lo que se esconde tras los bosques de coníferas plantados por el estado de Israel desde 1948.
La plantación del bosque de Yatir, por ejemplo, esconde el desplazamiento de l@s residentes beduin@s del irreconocible pueblo de Atir.
El pino es una especie europea no vista en Oriente Medio hasta el siglo XX. La trajeron l@ colon@ sionistas por 2 razones principalmente:
– Permitir a l@s colon@s israelíes sentir que han emigrado a una parte de Europa, revitalizar y europeizar lo que a sus ojos era un desierto árabe, del mismo modo que creyeron venir a “civilizarlo”.
– Cubrir las ruinas de aldeas y barrios dejadas tras la Naqba en 1947-1948, debido al rápido crecimiento de dichas especies
Estos bosques se presentan como grandes pulmones verdes, como el del Parque Nacional Monte Carmelo (cercano a Haifa), que oculta los pueblos ya perdidos de Ijzim, Umm al-Zinat y Khubbaza, que ya no pueden verse ni en los mapas.
Éste método no paró en 1948. Durante la ocupación de Cisjordania y Jerusalén en 1967 nuevos pinos se plantaron para esconder los pueblos de Imwas, Yalo y Beit Nouba, en el valle de Latrun cerca de Jerusalén. Este parque llamado Canadá esconde la expulsión de la población de la zona.
El método además de cínico no es tan ecológico como quieran hacer creer, ya que las coníferas acidifican el suelo, y el cambio de pH dificulta el crecimiento de especies autóctonas alterando el ecosistema al completo.

Otro método de ocupación es dificultar la recogida de olive todos los otoños. Muchos pueblos, aislados de sus tierras de cultivos por muros, colonias y checkpoint, sólo tienen permiso para acceder a ellas un par de veces al año, para la siembra y la recogida.
La recogida de olivas puede variar entre dias o semanas según cuántos árboles posea cada familia.
En el pueblo de Salem, cerca de Nablus, este año sólo han recibido permiso para recolectar durante 5 días, sin tener en cuenta número de árboles y/o hectáreas. Aunque toda la familia se afana de 6 de la mañana hasta el atardecer, no todas tendrán tiempo de recogerlo. Por ello algunas empezaron antes de los días establecidos, aunque las autoridades israelíes expulsaron a quien encontraron haciéndolo. Algunas personas incluso se quejan de haber sido expulsadas al medio día incluso los días establecidos por el permiso.
Algunas familias encuentran tras meses sin acceso a sus tierras muchos árboles dañados por colon@s israelíes, los cuales en la mayor parte de los casos incluso si son pillad@s in fraganti no son penalizad@s por ello. Esto se une a las cada vez mayores dificultades de acceso por el crecimiento de las colonias israelíes.
En otras ocasiones l@s colon@s no sólo atacan árboles sino también personas, la semana pasada sin ir más lejos una mujer palestina tuvo que ser hospitalizada en el pueblo de Kfar Yassuf haber sufrido un apaleamiento.

Pero desde la sutileza a la violencia directa, hay incluso casos de crímenes de guerra.
Como los planes de transferir 12500 beduin@s del valle del Jordán y el área de Ma’ale Adumim, a una colonia que llamarán Ramat Nu’eimeh y situarán cerca de Jericó. Las autoridades israelíes dicen buscar da una vida digna y proveer de servicios a las comunidades semi-nómadas esparcidas por el Valle, pero lo cierto es que no les han preguntado.

Mapa del futuro "Ramat Nu’eimeh", cortesía de "Bimkom"

Mapa del futuro “Ramat Nu’eimeh”, cortesía de “Bimkom”

El plan no tiene en cuenta que estas comunidades se dedican al pastoreo semi-nómada y una vivienda fija les dificultará su método de vida. La zona no tiene pastos fértiles que puedan mantener durante un año entero al rebaño.

De hecho, la localización del enclave se sitúa entre zonas militares de entrenamiento, colonias israelíes y checkpoint que previenen el acceso a cualquier pasto desde allí.
Por otro lado el plan pretende unir y hacer convivir a distintas tribus beduinas en contra de sus costumbres y con las tensiones sociales que esto pudiera generar.
La mayor parte de las tribus beduinas de Cisjordania provienen del desierto del Neguev, al sur de Israel, del cual fueron expulsadas en 1948. Desde las nuevas ocupaciones en 1967 hasta la actualidad, las tribus se han visto obligadas a resituarse en varias ocasiones, debido al crecimiento de las colonias, las zonas de entrenamiento y las zonas declaradas como reservas naturales. Por ello cientos de casas tienen orden de demolición y otras tantas ya han sido demolidas.
Por ello muchas de estas tribus viven sin acceso a la electricidad o al gua, y con dificultades para disfrutar de servicios sanitarios o a la educación.
A esto se refieren l@s palestin@s como “la naqba continua”, porque desde 1948 y aún hoy, siguen siendo expulsados de su tierra, desposeídos de sus medios de vida y borrad@s de los mapas, ya sea mediante maquillados bosques y reservas o con cruentas transferencias de población a nuevos guetos (sírvase la ironía un@ mism@)

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Un estudio sobre la transferencia de beduinos refugiados

Publicado: 4 junio, 2013 de accionenredinternacional en Sin categoría
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UNWRA y la ONG BIMKOM (formada por un grupo de arquitectos para reforzar la democracia y los derechos humanos en el área de urbanismo) han elaborado el informe ‘Al Jabal: un estudio sobre la transferencia de beduino refugiados de Palestina’. El informe analiza las consecuencias de la reubicación de 150 refugiados de Palestina pertenecientes a familias beduinas contra de su voluntad, un desplazamiento iniciado en 1997 para llevar a cabo una expansión del asentamiento de Ma’ale Adummim, que, como todos los asentamientos, es ilegal ante la Ley Internacional.

La Administración Civil israelí está preparando planes para un pueblo de beduinos centralizado en la zona C de Cisjordania. El pueblo es una de las opciones que han propuesto  las autoridades israelíes para el futuro de comunidad de pastores nómadas de Cisjordania, El Beduino. La mayoría de los beduinos en la Cisjordania de hoy en día son refugiados palestinos, procedentes de territorios tribales en lo que hoy es el desierto de Negev. La transferencia de los beduinos dependientes de la ganadería a configuraciones semi-urbanas centralizadas hoy son quizás el último sector de la población de refugiados palestinos a experimentar una transformación de una sociedad rural tradicional a otra basada en una zona urbana basada en trabajo asalariado. La amenaza a los refugiados beduinos palestinos se enfrentan hoy en día -aunque significativamente a menor escala al sufrimiento de la gran mayoría de los refugiados de Palestina hace más de 60 años, cuando eran exiliados por la fuerza de cientos de aldeas y pueblos de antes del mandato Palestino de 1948 y se convirtieran en residentes de campos de refugiados densamente poblados.

Mientras que los programas de reasentamiento del gobierno tienen poblados beduinos introducidos en toda la región, hasta la fecha sólo uno de estos proyectos se ha llevado a cabo

por la Potencia ocupante dirigido a los beduinos refugiados palestinos en Cisjordania. “Arab al Jahalin” el pueblo en el que se centra este informe, está compuesto por 150 familias beduinas refugiadas de Palestina que fueron trasladados fuera de sus grupos de parentesco rurales en la periferia oriental de Jerusalén centralizando su localización en tres etapas entre 1997 y 2007.

Como las autoridades israelíes planifican un segundo pueblo beduino en Cisjordania, es entorno a los residentes de ‘al pueblo Jahalin árabes a los que el resto de los refugiados palestinos beduinos rurales hoy en día se giran para el asesoramiento y la experiencia adquirida, ya que requieren protección internacional paraa rechazar dichas transferencias y para ser devueltos a sus territorios tribales tradicionales en el Negev.

Mientras que los municipios de beduinos en el Negev y en la región ha sido objeto de estudio riguroso desde múltiples ángulos, el pueblo de ‘Arab al Jahalin-el único ejemplo de la centralización de la los refugiados palestinos pastores nómadas en Cisjordania hasta la fecha-nunca ha sido el foco de la investigación. No hay literatura disponible para informar a las partes interesadas que deseen evaluar el impacto de la transferencia y la centralización en un entorno urbano de los beduinos  refugiados palestinos. Reconociendo este vacío en la literatura, Bimkom y UNRWA han llevado a cabo un estudio antropológico del  pueblo Al Jahalin para demostrar la realidad del día a día de los beduinos palestinos refugiados después de su transferencia. Este informe consta de tres partes principales.

–          Parte I: presenta los antecedentes de los beduinos de Palestina refugiados que viven en la periferia de Jerusalén hoy en día, incluyendo el proceso de la creación del pueblo árabe Al Jahalin en el contexto de la ocupación.

–          La Parte II presenta seis estudios de casos basados en los cinco meses de investigación de campo. Un examen detallado del estudio de los casos revela la variedad de formas en las que las vidas de los diferentes habitantes de ‘Arab al Jahalin han sido afectados por la transferencia.

–          La Parte III presenta las conclusiones del estudio. Las dos conclusiones principales que surgen del análisis del estudio de los casos es “que la centralización de las comunidades rurales en contra de su voluntad se ha traducido en una situación que

  • 1) es socialmente no viable
  •  y 2) es económicamente inviable. La transferencia de las comunidades beduinas rurales a ‘Al Jahalin en tres oleadas a partir de 1997 los ha dejado sin activos sociales o económicos disponibles con los que reconstruir satisfactoriamente su vida en el nuevo entorno. Quince años después de que comenzaran las transferencias, los residentes de la aldea hoy siguen luchando para mantener los elementos de su orden social tradicional y de sus medios de vida pastorales.

El informe claramente demuestra que la compensación financiera fijada a través del litigio no se ha asegurado la seguridad social, económica o cultural para los beduinos de Palestina refugiados en el pueblo. Esto demuestra que, en estas circunstancias, y a la espera de una solución duradera al problema de los refugiados, la opción más viable para los residentes de la aldea es el ejercicio de prácticas de residencia dual, que viven parcialmente en el pueblo y mantener parcialmente la movilidad de su tradicional vida volviendo a localidades rurales de la zona C, una práctica considerada ilegal por las autoridades israelíes.

Si bien la práctica de la doble residencia permite a las familias de poseer mejor el ritmo y la dirección de sus vidas después de la transferencia, mantiene su vulnerabilidad exigiendo a los beduinos regresar a las zonas donde corren peligro de demolición de viviendas y desalojo.  Además, la práctica de la doble residencia se divide unidades familiares, lo que supone tanto cambios fundamentales en los roles familiares y las prácticas cotidianas.

Tanto en el pueblo Al Jahalin y en las comunidades rurales ahora amenazadas de transferencia, este estudio de Bimkom / UNRWA concluye que el desarrollo sostenible rural y el acceso seguro a los recursos naturales de sus zonas rurales actuales son las soluciones más viables para los beduinos refugiados palestinos de las comunidades en la periferia de Jerusalén que deseen salvaguardar su tejido social y cultural y para tener una base económica sólida para el progreso y el desarrollo. Estas son las condiciones esenciales en que se podría permitir a las comunidades de refugiados palestinos beduinos a impulsar el proceso de modernización de acuerdo con su momento, ritmo y la dirección deseados.

EL CASO DE AL JABAL

Antes de su traslado a al Jabal, los pequeños grupos de parentesco de Salamaat jahalin tenían la composición socio-cultural de los grupos de pastores semi-nómadas en el que estilo de vida se determinaba en gran parte por los medios de subsistencia. Si bien, como todos los refugiados palestinos, los beduinos de Palestina refugiados han experimentado ser separados de sus territorios como resultado del conflicto de 1948, no experimentaron los múltiples desafíos sociales y económicos del bienestar por ser trasladados a campos de refugiados densamente poblados en su entrada a Cisjordania. En cambio, los beduinos refugiados de Palestina se dividieron en pequeños grupos de parentesco dispersos por toda Cisjordania con su ganado con el fin de mantener su

estilo de vida nómada. La formación de al Jabal era por lo tanto, la primera experiencia de estar centralizada en una ubicación semiurbana en la historia de los beduinos Jahalin. Si bien las condiciones para los residentes de la zona C se había vuelto cada vez más difícil como resultado de las políticas israelíes y prácticas en el territorio ocupado, la gran mayoría de las comunidades de refugiados beduinos Jahalin rurales han mantenido sus estructuras sociales con la operación de las economías duales (economía pastoral tradicional) impulsado por el trabajo ad hoc en los asentamientos israelíes locales y las ciudades palestinas) proporcionando funciones claras sociales y

económicas tanto para hombres como para mujeres

AL JABAL: SOCIALMENTE NO VIABLE

La centralización de los grupos de pastores dispersos en un lugar es en sí mismo una contradicción. El entorno forzado de Al Jabal, el cual se asemeja a los campos de refugiados establecidos por la UNRWA para otros refugiados de Palestina en la década de 1950, es un concepto que fue rechazado de plano por los beduinos antes de su aplicación. Hoy en día, la integración económica o social no es evidente en al Jabal en un nivel sostenible. Si bien la transferencia a una entorno planificado potencialmente proporciona una mejor vida, normas de seguridad de la demolición, la proximidad a los servicios y el aumento de las oportunidades económicas para sus habitantes, provocó daños en el núcleo mismo de tejido social de los beduinos como resultado de la transferencia a Al Jabal no se ha considerado en la elaboración de los criterios para medir el éxito. Sí, las familias se han adaptado a los aspectos prácticos de la vida en al Jabal, pero esta no es una medida del éxito de un proyecto, es una medida de la resistencia humana.

La fusión de los grupos de parentesco separados en un espacio contra su voluntad al instante disuelve la sensación de seguridad espacial de una comunidad; el movimiento de  los pasillos de trashumancia creados a lo largo del tiempo por décadas de leyes sociales y económicas tradicionales en el propio grupo de parentesco rural que de repente ya no existe. De la nota clave, los residentes de Al Jabal son no tradicionalmente una comunidad, sino grupos de parentesco entre las cuales las estrictas leyes sociales operan, incluyendo una restricción a la libre circulación de las mujeres si los hombres de un grupo diferente estan presentes.

Esta inestabilidad se encarna simbólicamente en los aspectos físicos de Al Jabal hoy-una ladera de casas en diferentes etapas de la construcción, parcial y sin asfaltar carreteras, improvisadas la electricidad (aunque legal) y las conexiones de agua en la mayoría de las áreas, y la proximidad al basurero municipal de la que peligrosos gases, un hedor abrumador y nubes de negro humo de la combustión espontánea que con frecuencia emite la superficie.

Sobre el papel, al Jabal es el hogar de más de 1.500 personas, sin embargo, las calles están a menudo completamente vacías. ¿Por qué? La densidad residencial y posterior estrechamiento en la proximidad de diferentes grupos de parentesco entre sí era extraño a los beduinos y de inmediato provocó una restricción en el movimiento de mujeres en torno al Jabal.

Además, mientras se utilizan los edificios comunales en diversos grados, la falta de sentido de uso común de espacio público prevalece en al Jabal ya que el concepto es sobre todo extranjero en las comunidades rurales. Otros, decenas de Familias “residentes” son estacionales o permanentemente

ausentes en Al Jabal con el fin de seguir economía de pastoreo en las zonas rurales. Los residentes permanentes, a menudo hogares encabezados por mujeres cuyos maridos e hijos mayores viven durante largos períodos del año en localidades rurales con la familia ganadera permanecen dentro de sus casas donde no sean observadas. El aislamiento social en Al Jabal, está en marcado contraste con el tejido social vibrante de los grupos emparentados de beduinos rurales ubicados a pocos minutos de al Jabal hoy en día, donde las familias operan una economía dual y mantienen la armonía social. Durante la investigación en las comunidades rurales que rodean al Jabal, numerosos jefes de familia presentan las llaves a los investigadores/as de las casas que habían construido en Al Jabal tras la transferencia. Detrás de las puertas cerradas, estas casas están sin muebles y deshabitadas. La explicación fue que sus familias no pueden vivir una vida de su elección en Al Jabal.

Un elemento espacial que cause aún más inestabilidad social para los residentes al Jabal es el actual conflicto con la comunidad de Abu Dis, que son los propietarios tradicionales de la tierras asignadas para Al Jabal por las autoridades israelíes. Una vez más, como en un eco de la fricción entre los refugiados de Palestina entrantes y los palestinos que eran autóctonos de Cisjordania y la Franja de Gaza durante Mandato de Palestina antes de 1948 que se vieron obligados a acoger a los recién llegados, el informe Jahalin indica que la fricción continua entre los beduinos de Palestina refugiados y la comunidad de acogida de Abu Dis en cuyos terrenos fueron transferidos a partir de que aumenta la sensación de  inseguridad permanente para los beduinos. Mientras que su transferencia ha asegurado a los residentes de Al Jabal aparentemente contra nuevos desplazamientos y expropiación por las autoridades israelíes, la Salamaat Jahalin creen que siguen siendo vulnerables a nuevos desplazamientos en el futuro ya que la comunidad de Abu Dis, tiene una demanda histórica sobre la tierra de Al Jabal, y podría tomar medidas para reclamarla.

Los refugiados beduinos palestinos en Al Jabal ven su presencia allí como temporal, una realidad  que refleja su inseguridad constante y previene de un sentido de permanencia sobre el lugar que se han visto obligados a habitar.

ECONÓMICAMENTE INVIABLE

A través de una lente económica, es evidente que los pagos de compensación emitidos a la entrada

Familias Salamaat tanto por el ICA y la Autoridad Palestina fueron en gran parte invertidos en la construcción de viviendas en terrenos asignados a cada familia. Muchas familias vendieron sus

ganado antes de la mudanza, canalizando los beneficios en la ejecución de las obras de  Construcción, y por lo tanto perdieron los ingresos (y los roles de género) generado por el economía tradicional. Otros continuaron para mantener su acciones en localidades rurales en riesgo de desalojo / demolición por el ICA y continuó operando una economía dual; con algunos miembros de la familia que trabajan el ganado y otros miembros de la familia que buscan empleo en locales

centros urbanos, tanto palestinos como israelíes. Mientras familias entrantes presentaban diferentes situaciones financieras en el momento del traslado, se encontraron exclusivamente una realidad que antes no habían experimentado: el costo de vivir en una casa es significativamente más alto que el costo de vivir en una choza. Pero las opciones para el empleo regular de una sociedad tradicionalmente basada en el pastoreo con comparativamente bajos niveles de educación eran relativamente pocas, y lo siguen siendo hoy. En una mañana normal en al Jabal, grupos de hombres de mediana edad sentados en bancos de sombra fuera de sus casas, gritando saludos a transeúntes, quienes además tampoco tienen trabajo al que ir. Para aquellos que no encuentran trabajo, la mayoría de los empleados beduinos toda Cisjordania viven al margen de la del mercado laboral, llenando posiciones marginales de obra no cualificada laboral. Con los costos y los hogares adicionales repentinos. Después de haber perdido la mayor parte de su economía tradicional a la llegada en Al Jabal, los refugiados del Salamaat Jahalin se encontraron con un nuevo nivel de desafío financiero.

El empleo para los hombres de Al Jabal que ya no tienen ganadero es en gran parte en el trabajo diario remunerado ad hoc, mientras que los que tienen un empleo a tiempo completo en su mayoría trabajan como trabajadores en los asentamientos israelíes, específicamente las zonas industriales de Ma’ale Adummim y Mishor Adummim. La dependencia para el empleo en los asentamientos presenta una vulnerabilidad económica específica para los trabajadores palestinos cuyos empleos dependen de un contexto político volátil. Los planes actualmente congelados

para completar la construcción el muro entre Al Jabal y Maale Adumim harían someterse a los beduinos a rigurosos controles de seguridad todos los días con el fin de acceder a su lugar de trabajo.

Las alternativas son pocas, dejando a los jóvenes desarrollar sus propios medios para crear ingresos.

Una industria como de cosecha propia es la colección de chatarra de la basura municipal cercana

y su re-venta a los comerciantes locales en Eizariya. Este actividad viene con su propio conjunto claro de  riesgos para la salud y la seguridad de la juventud que se involucre en ella, ya que i plica entrar en contacto diario con los gases tóxicos y las aguas residuales en un paisaje conocido por combustiones internas y de la superficie de forma regular. Enfocando el tema de la educación, los niveles de abandono de alumnos varones son altos en al Jabal, ya que completar la educación secundaria tiene pocos incentivos.

Los padres en cuestión señalan que es difícil motivar a los sus hijos, que ven que los niveles de desempleo ya son altos entre los residentes al Jabal, que tras haber completado su educación, el trabajo asalariado básico no requiere calificaciones escolares y las perspectivas de carrera en el sector palestino son bajos para los beduinos marginados. Mientras que las niñas

logran mayores niveles de educación que los varones, las mujeres de AlJabal están casi todas en paro con la excepción de un puñado de alto rendimiento que trabajar principalmente como maestras en las escuelas locales. La competencia para puestos cualificados es alta en el sector palestino y la cultura local no alienta a las mujeres a buscar puestos de trabajo en los asentamientos israelíes.

Con esta realidad, la previsión económica para la actual comunidad al Jabal es desoladora: con el aumento de niveles de pobreza y  la influencia de factores políticos emergentes se intensifica esta sensación. Los residentes hablan con profunda preocupación de la intención de las autoridades israelíes para expandir al Jabal para la transferencia de familias beduinas adicionales en la misma ubicación, diciendo que puede sólo acelerar su origen común en la pobreza.

LA RESIDENCIA DUAL LA OPCIÓN MÁS VIABLE HOY

Los diferentes impactos de la transferencia en las familias son el resultado de los múltiples y complejos retos sociales, culturales y económicos experimentados por los beduinos en el proceso de cambio. Por ejemplo, las familias que fueron obligadas a deshacerse totalmente de su ganado durante el traslado a Al Jabal y tenían pocas alternativas de generación de ingresos y han experimentado un impacto más agudo de la transferencia debido a la instantánea (y forzada) pérdida del sistema socio-económico que había operado en su comunidad rural.

Comparativamente, las familias que mantienen total o parcialmente su rebaño durante la transferencia y han desarrollado nuevas estrategias de manejo de ganado han experimentado

un menor grado de separación de su entorno social y de sus realidades económicas durante el proceso de transferencia.

En resumen, han sido capaces de mantener una mayor sentido de propiedad sobre el ritmo y el tipo de cambio a la que sus tradiciones han sido sometidas.

Sin embargo, de las decenas de estas familias que mantienen algunos o la totalidad de su ganado cuando fueron trasladados a otros Jabal, sólo diez viven allí de forma permanente hoy, coincidiendo

sus tasas de carga con los pastizales y los recursos hídricos disponibles en las inmediaciones. Para los otros, la falta de acceso a los recursos naturales adecuados en la periferia Jerusalén junto con la falta de espacio de al Jabal para sostener efectivamente jaulas y alimentación intensiva obliga a las familias usentarse de Al Jabal durante largos períodos del año, operación de un doble residencia que les permite mejor aprovechar las ventajas de la ciudad y del campo. Para ellos, al Jabal no es viable como residencia permanente, ya que no permite el ejercicio de su economía tradicional o de las estructuras sociales de su elección. Las familias que mantienen la residencia tanto en al Jabal y en zonas rurales utilizan al Jabal como un centro de servicios, mientras que las localidades rurales que habitan el gran parte del año son su residencia principal.

Al Jabal se utiliza tanto para la única disposición y servicio se puede llegar con relativa facilidad dentro de la pequeña límites geográficos de Cisjordania.

No todos los residentes actuales fueron trasladados físicamente a Al Jabal ya que doce familias eran residentes en la ladera escasamente habitada antes de su selección por las autoridades israelíes como un sitio de transferencia. Para estas doce familias – en su mayoría del grupo Hirsch – la experiencia de la transferencia era diferente y merece una aclaración. Estas familias habían se habían deshecho de su ganado en gran medida gradualmente décadas antes de la transferencia y se habían acercado a los centros urbanos con el fin conseguir una educación superior y un empleo formal. Habían elegido, a su propio ritmo y en su propio sentido, iniciar el proceso de transición de las tradiciones dependientes de la ganadería, mientras que mantenían el parentesco beduino llevado a sus estructuras sociales. La afluencia de más de 100 familias a la ladera destruyó la capacidad de su grupo de parentesco de funcionar de su manera tradicional. Por ejemplo, las mujeres Hirsch – que no habían sido transferidas físicamente- se vieron afectadas en la misma manera que las mujeres rurales entrantes debido a la cercanía súbita de familias Salamaat extranjeras. La Economía Hirsch, sin embargo, no se vio afectada directamente por la transferencia, ya que ya era en gran parte urbana y que no dependían de la ganadería.

DESARROLLO RURAL SOSTENIBLE COMO BUENA PRÁCTICA

La residencia dual conlleva una vulnerabilidad específica para los Salamaat transferidos, ya que las familias que regresan a las localidades rurales de Al Jabal siguen en riesgo de desalojo o demolición por las autoridades israelíes. Como tal, mientras que la residencia dual sostiene las economías tradicionales y las costumbres sociales, proporciona poca seguridad permanente a las familias que la adoptan y, a su regreso a los sitios rurales, están obligados a volver a vivir en un refugio de baja calidad y sin infraestructuras básicas y sufren potenciales amenazas de demolición de nuevo, debido a la falta de permisos de construcción.

No hay duda de que vivir en hogares con infraestructura facilita en gran medida el día a día extenuante en exigencias físicas de los beduinos que participan en la gestión de los hogares. Para las beduinas, los soportes en los hogares se utilizan para cocinar, lavar la ropa y refrigeración, y todas las casas tienen un cuarto de baño y al menos un aseo. Se ha reconocido a nivel mundial que la infraestructura básica mejora significativamente la vida nómada y que es totalmente factible instalar esas infraestructuras con bajo impacto ambiental y métodos sostenibles en las comunidades rurales existentes.

Con conexiones legales a agua y electricidad, las familias beduinas rurales podrían usar lavadoras, frigoríficos, cocinas y luces internas, al igual que los residentes de Al Jabal pero no pueden elegir sus empleos y economía o red social.

Los planes de crecimiento de la colonia de Maale Adumin amenazan con repetir estos problemas con muchas otras comunidades y familias beduinas de la zona, y si Al Jabal sigue creciendo los conflictos dentro del propio pueblo entre la población beduina ya asentada y los recién llegados

Muchos eventos se dan cada semana, y no podemos contarlos todos, como el 65 aniversario de la Naqba “celebrado” el miércoles pasado, pero hemos preferido seguir con las las injusticias actuales en este apunte.

La ONG de observación de los asentamientos israelí Peace Now, Paz Ahora en adelante, dijo el jueves que el Gobierno quiere dar la aprobación retroactiva a cuatro puestos avanzados (“outpost”) en Cisjordania que se había comprometido previamente a demoler parcialmente, al menos tres.

En una respuesta escrita a una petición que Paz Ahora presentó ante el Tribunal Supremo de Israel en contra de los puestos de avanzada, la oficina del fiscal del estado dijo que los colonos ya habían comprado la tierra privada palestina en la que se construyó, allanando el camino para que el gobierno diera su bendición.

“En la respuesta el Gobierno declara su intención de legalizar cuatro puestos de avanzada, en zonas aisladas”, según recoge un comunicado de Paz Ahora, agregando que la estrategia era una afrenta a los esfuerzos de EE.UU y de su secretario de Estado John Kerry para revivir las conversaciones de paz latentes entre israelíes y palestinos.

“La intención de legalizar puestos de avanzada como los nuevos asentamientos no es menos que una bofetada en la cara del nuevo proceso de paz del Secretario Kerry:” Ahora, dijo Paz.

“… El gobierno está indicando que no está comprometido con la paz ni a la solución de dos estados”.

Givat Assaf, Givat Haroeh, Maaleh Rehavam y Mitzpe Laquis son puestos de avanzada que se encuentran entre los seis que figuran en un informe del gobierno de 2005 como merecedores desalojo inmediato y que más tarde ordenó cerrar por una orden judicial. Las repetidas apelaciones del Gobierno han retrasado el proceso hasta ahora. El Tribunal Supremo escuchará la petición de Paz Ahora el 22 de mayo.

El gobierno de coalición en gran parte formado por la derecha del primer ministro Benjamin Netanyahu basa gran parte de su apoyo político en los colonos. Israel considera que los asentamientos de avanzada construidos sin la aprobación del gobierno son ilegales. Por lo general, consisten en poco más que unas pocas casas con remolque. Pero la comunidad internacional considera que todos los asentamientos construidos en Cisjordania – incluyendo el este de Jerusalén – son ilegales.

El tema es uno de los más polémicos en el conflicto palestino-israelí y puso la puntilla final a las negociaciones de paz en septiembre de 2010, cuando la congelación de Israel en la nueva construcción de asentamientos en Cisjordania expiró y Netanyahu se negó a renovarlo. El presidente Mahmoud Abbas dijo que las negociaciones no se reanudarán hasta que Israel detenga la construcción de asentamientos.

Se ha publicado también un informe  de Adalah que describe cómo son las políticas de desplazamientos y demoliciones a ambos lados de la línea verde, comparando el caso de dos pueblos.

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Al-Araqib y Susiya: dos pueblos palestinos, uno en Israel, uno en Cisjordania, comparten una única historia de una lucha contra el desplazamiento forzado. Si bien las autoridades israelíes han amenazado la existencia misma de estas comunidades en su tierra, la presencia continua de la gente muestra sus profundas reservas de coraje y firmeza. En este trabajo se establece los métodos de desplazamiento forzado utilizados por Israel para expulsar a las comunidades palestinas de sus tierras, a ambos lados de la Línea Verde, y examina el contexto jurídico en el que se lleva a cabo. En el documento se acompaña de una película titulada “Desde Al-Araqib a Susiya”, producido por Adalah, que documenta un viaje entre estos dos pueblos palestinos. Contando las historias de los aldeanos, la película captura los sorprendentes paralelismos entre sus experiencias.

Un desplazamiento o desalojo forzoso entraña el “traslado involuntario de personas de sus hogares o sus tierras, directa o indirectamente atribuibles al Estado. “No se permite a los Estados desplazar a la fuerza a personas de sus hogares o sus tierras, salvo en circunstancias excepcionales y muy definidas y siempre con el máximo respeto a su derechos. En Israel y los Territorios Palestinos Ocupados (OPT), claros marcos jurídicos nacionales e internacionales teóricamente protegen a los palestinos del desplazamiento forzado. Sin embargo, en la realidad, Israel suspende estos derechos en ambos contextos con el fin de mantener su control sobre la mayor superficie de la tierra, conteniendo el número mínimo de palestinos. Donde debe funcionar la ley para salvaguardar sus derechos, Israel, en cambio, ha construido complejos y superpuestos marcos jurídicos que permitan al Estado perseguir agresivamente su política de desplazamiento forzoso de los palestinos en Israel y los Territorios Palestinos Ocupados por medios “legales”, tanto si son sus propios ciudadanos o «personas protegidas» en virtud derecho humanitario internacional.

Al-Araqib es un pueblo de beduinos palestinos en Israel, cuyos residentes son ciudadanos israelíes. Hasta mayo de 2013, Israel ha destruido la aldea 50 veces para dar paso a dos bosques del Fondo Nacional Judío (JNF). Susiya es una aldea palestina en la zona “C” de Cisjordania, cuyos habitantes viven bajo la ocupación israelí. La mayoría de las estructuras en Susiya están sujetos a órdenes de demolición e Israel tiene la intención de desplazar a la fuerza a la comunidad para que la tierra quede disponible para un asentamiento judío. Estas historias muestran claramente que los palestinos son blancos deliberados de desplazamiento forzoso, independientemente del contexto geo-político y jurídico en el que existan. Al llamar la atención sobre estas similitudes, se espera que este proyecto apunte hacia una solución justa.

La historia de Al-Araqib

Al-Araqib es una aldea beduina “no reconocida”, ubicada en el desierto del Neguev (Negev) en el sur de Israel, al norte de la la ciudad de Beer Sheva (Beer el-Sabe). Los residentes beduinos de Al-Araqib, los ciudadanos palestinos de Israel, son miembros de un pueblo indígena. Han estado viviendo en su pueblo ancestral, siguiendo su modo de vida tradicional desde hace más de dos siglos. En 2010, unos 300 miembros de las tribus Al-Uqbi, Al-Agencias, Abu-Medeghem, Abu-Freih y Abu Zayed residían en el pueblo. El 27 de julio de 2010, la Autoridad de Tierras de Israel (ILA), junto con más de 1.000 agentes de policía, arrasó toda la aldea: 46 estructuras, incluyendo 30 casas, fueron destruidas y unos 4.500 olivos arrancados. Los habitantes del pueblo, más de la mitad de los cuales son niños, se quedaron sin hogar, y la mayoría de las familias se desplazaron al cercano municipio urbano planeado por el gobierno de Rahat. Un puñado de familias se han comprometido a permanecer reconstruyendo sus hogares contínuamente, a pesar de los incansables esfuerzos del gobierno para destruir el pueblo y los bosques de sus tierras.

La demolición de Al-Araqib no es sino el más reciente intento del gobierno para desplazar por la fuerza a la comunidad. El Gobierno militar israelí desplazó primero a las tribus de sus tierras en 1951. Después de decirle a las familias que podrían volver a su tierra en seis meses, el Estado se apropió de la tierra por ‘razones de seguridad’ supuestas bajo la Ley de Adquisición de Tierras (Acciones y Compensación) (1953), y declaró que eran “tierras del Estado”. En 1972, Israel permitió a los ciudadanos presentar las solicitudes de registro de tierras bajo la Ordenanza de Registro de Tierras(1969). Las familias de Al-Araqib presentaron sus reclamaciones de tierras e hicieron un esfuerzo concertado para intentar volver, sin embargo, su aplicación, al igual que en los demás casos, no ha sido considerada, dejando la disputa legal sobre la tierra sin resolver.

En 1998, el jeque Sayyah, sus hijos, y otras 45 familias decidieron regresar a su tierra, por temor a que el Fondo Nacional Judío (JNF) planea plantar un bosque allí. Desde su regreso, el pueblo se ha enfrentado una andanada de métodos directos e indirectos de desplazamiento. Como “aldea no reconocida” el estado niega el acceso Al-Araqib a los servicios básicos e infraestructuras del estado, incluyendo agua, electricidad, alcantarillado, carreteras, escuelas y servicios de salud. En 2003 y 2004, la ILA comenzó fumigación aérea de los campos de cultivo de Al-Araqib con un químico tóxico llamado Roundup, causando daños a los cultivos, el ganado y las personas. Si bien la Corte Suprema de Israel considera esta práctica ilegal desde 2007 (HCJ 2887/04) a raíz de una petición presentada por Adalah, el estado ha recurrido a arar anualmente los cultivos con los informes de que los campos son envenenados, con el fin de poner en peligro los medios de vida de los aldeanos. El Estado y la JNF comenzaron la forestación de la tierra en 2006, dando la bienvenida  a diplomáticos de 49 países a la inauguración del “Embajador del Bosque “en la parte sur de Al-Araqib. En 2009, el JNF unió fuerzas con Dios-TV, una televisión evangélica cristiana, para comenzar a plantar un millón de árboles en la tierra del oeste de la aldea.

El 16 de enero de 2011, los habitantes del pueblo obtuvieron una orden temporal contra el JNF para detener su trabajo de plantación. El 23 de Enero de 2011, sin embargo, el juez rechazó una apelación de extender la medida cautelar y concedió 10.000 shekels a la JNF en costos legales. No obstante, el tribunal recomendó que el JNF se comprometiera seguir trabajando hasta que una resolución final fuera alcanzada. No se ha llegado a ninguna resolución, y sin embargo la siembra continúa en la actualidad, junto con cada vez más agresivos métodos de desplazamiento. Durante las repetidas demoliciones de casas, el Estado también ha recurrido a atacar, detener, y acusar a los residentes y los manifestantes. Además, el Estado ha presentado una demanda en contra de los habitantes del pueblo, en julio de 2011 de 1,8 millones de shekels para cubrir los costos asociados con sólo tres de las demoliciones. Los habitantes del pueblo, representados por el abogado Michael Sfard, han presentado cuatro casos en el Tribunal de Distrito de Beer Sheva exigiendo que se reconozca el pueblo y que se les declararen los legítimos propietarios de sus tierras. En uno de los casos, la Corte Suprema sostuvo que el Estado debe resolver el problema de propiedad de los aldeanos y no simplemente registrar la tierra como tierra estatal. Estos casos están pendientes aún hoy.

La historia de Susiya

Susiya se encuentra en las colinas del sur de Hebrón, en la zona C de Cisjordania. Hoy cuenta con una población de 350, incluyendo 120 niños. La historia del pueblo es un microcosmos de la política de desplazamiento forzado en los territorios palestinos ocupados por Israel. En las últimas tres décadas, Susiya ha sufrido repetidas demoliciones, desalojos, amenazas y restricciones impuestas por Israel en su intento de obligar a la gente a irse de sus tierras con el fin de expandir un asentamiento cercano y llevar a cabo “proyectos de desarrollo” de los israelíes en los Territorios Palestinos Ocupados.

Los habitantes de Susiya originalmente vinieron de Tel Arad, en el Neguev, ahora un pueblo beduino no reconocido. Tras la Nakba, las personas fueron desplazadas de sus tierras ancestrales a la Ciudad Vieja de Susiya en Cisjordania, donde se les negó el acceso a todos los servicios básicos e infraestructuras, incluyendo agua, electricidad, alcantarillado, carreteras, escuelas o clínicas de salud. Después de la ocupación de los territorios palestinos ocupados en 1967 por Israel, que comenzó a establecer asentamientos judíos ilegalesen toda Cisjordania. En 1983, en la misma tierra que el pueblo de Susiya, el Estado estableció el asentamiento judío ilegal de Susiya, que fue conectado de inmediato al agua de Israel y los sistemas eléctricos. En 1986, las autoridades israelíes declararon el área principal de la aldea palestina lugar arqueológico, y demolieron las casas de las 60 familias. Los habitantes del pueblo reconstruyeron su pueblo en la tierra vecina, y en 2001, todo pueblo fue demolido y sus habitantes desplazados una vez más. Una década después a finales de 2011, las autoridades israelíes pusieron en marcha otra serie de demoliciones masivas de 41 estructuras, principalmente tiendas de campaña y chozas en las que los habitantes del pueblo residían, fueron destruidas. Hoy, según la OCHA, el 70% de las estructuras existentes en Susiya tienen órdenes de demolición pendientes en su contra, incluyendo una escuela local, una clínica apoyada por CARE International, paneles solares financiadas por el Gobierno alemán y refugios para la granja de animales. Israel ha utilizado una variedad de métodos para hacer que la situación de los que viven en Susiya sea intolerable. Los colonos judíos con frecuencia llevan a cabo actos de violencia física y psicológica contra los habitantes del pueblo y de sus bienes, pero no han sido procesados penalmente por estos actos por parte de las autoridades israelíes. Además, el ejército israelí impide a los residentes de Susiya la entrada y el cultivo de grandes extensiones de sus tierras debido a su proximidad a los asentamientos, dañando seriamente los medios de vida de los habitantes del pueblo, que siguen siendo dependientes de la agricultura y el pastoreo.

En 2010, los residentes de Susiya presentaron una petición ante el Tribunal Supremo de Israel a través de la ONG Rabinos por los Derechos Humanos exigiendo que el ejército y los colonos les dejaran de negar el acceso a sus tierras de cultivo. La petición argumenta que los habitantes del pueblo, como propietarios legítimos, deben poder cultivarla, y que el ejército falla en su protección contra la violencia de los colonos. En su decisión, la Corte ordenó al ejército y la Administración Civil israelí (ICA, parte de los militares israelíes) a determinar quién era dueño de los derechos de propiedad de cada pedazo de tierra. Desde entonces, el ICA ha trazado a sólo una fracción de la propiedad de la tierra, y los militares han hecho sólo gestos simbólicos de cumplimiento de la decisión, excepto los israelíes que entraron en un 10% de la tierra. Sólo en enero de 2013 se dio la orden judicial al ejército para determinar exhaustivamente quién tiene los derechos sobre la tierra en cada zona alrededor Susiya. En esta ocasión el ejército recibió 90 días para completar la tarea.

En un caso relacionado en 2012, los colonos judíos de Susiya presentaron una petición en contra a través Regavim, la organización no gubernamental de derecha, argumentando que todas las estructuras en Susiya palestinas son ilegales y deben ser destruidas inmediatamente. Rabinos por los derechos humanos defendieron a los habitantes del pueblo palestino, y pidieron a la ICA la aprobación de un plan maestro para el pueblo. Un plan aprobado permitiría a los residentes de Susiya presentar los permisos para sus casas y estructuras, que les brinden la legalidad largamente retrasada.

El ICA no ha iniciado un plan maestro para la Susiya palestina y los aldeanos han tenido que aumentar los fondos para enviar un plan por sí mismos. El plan maestro de los aldeanos, presentado en 2012, sigue pendiente.

El desplazamiento forzado de los palestinos: la suspensión de la Ley

Desde 1948, Israel ha creado una matriz compleja de discriminación de la tierra, planificación y militares de las leyes y reglamentos discriminatorios para tomar el control de las tierras palestinas y el desplazamiento de cientos de miles de sus habitantes a través de medios “legales”. Al hacerlo, ha suspendido efectivamente las protecciones nacionales e internacionales para los palestinos. Hoy, Israel continúa desplazando a las comunidades palestinas situadas dentro de su esfera de control en Israel y en los Territorios Palestinos Ocupados. Las comunidades que viven en las aldeas beduinas no reconocidas ”en el Neguev y en la zona C de Cisjordania viven particularmente bajo la amenaza de desplazamiento forzoso al ser estas dos áreas de exclusiva importancia estratégica para Israel por razones demográficas y de seguridad.

Los ciudadanos palestinos de Israel, incluido el pueblo de Al-Araqib, tienen derechos constitucionales, según se detalla en las leyes Fundamentales de Israel, como el derecho a la propiedad y la dignidad. Los palestinos que viven bajo la ocupación, incluido el pueblo de Susiya, están protegidos por el Derecho Internacional Humanitario (DIH), que prohíbe a Israel, como una “potencia ocupante”, el traslado por la fuerza, desalojo, deportación, desplazamiento y la destrucción de sus bienes como ‘personas protegidas’. La legislación internacional sobre derechos humanos protege los derechos de todas las personas, incluidos los derechos a una vivienda adecuada, la salud, la educación, a un nivel de vida digno, la no discriminación y la libre determinación. Los Principios Rectores de los Desplazamientos Internos proporcionan el marco normativo que identifican las normas de derecho internacional aplicables a los desplazados internos (PDI). De acuerdo con el Principio 6, por ejemplo, todo ser humano tiene el derecho a ser protegidos en contra de ser arbitrariamente desplazado de su hogar. Sin embargo, en la realidad, Israel ha suspendido la ley y la violación de los derechos de los palestinos en ambas áreas, lo que les deja sin protección y sin acceso a un recurso efectivo.

El desplazamiento forzado en el Neguev tras la guerra de 1948, alrededor del 88% de los beduinos palestinos que viven en el Neguev se vieron obligados a huir de sus tierras. Sólo alrededor de 11.000 beduinos se mantuvieron en el Neguev, convirtiéndose en ciudadanos israelís. En la década de 1950, el estafo forzó el desplazamiento y concentró a los beduinos en el ‘Siyag’ (valla), una zona militar cerrada en el  Norte del Neguev. Aquellos cuyas ancestrales aldeas se encuentran en el Siyag se vieron despojados de sus derechos de propiedad y sus aldeas declaradas ilegales. La mayoría, fueron desplazados al interior de sus tierras ancestrales, negándoseles de manera similar los derechos a la tierra en la que fueron trasladados. A través de la promulgación de varios leyes territoriales, como la Ordenanza de Tierras (adquisición a efectos Públicas) (1943), La Ley de Adquisición de tierras (Acciones y Compensación) (1953), y de la Ley de Propiedad de los Ausentes(1950), la tierra del Neguev se convirtió en “tierras del Estado”, y con el Plan Nacional y la Ley de Construcción (1965) Israel negó el reconocimiento a todos los pueblos beduinos árabes.

Hoy en día, hay 35 aldeas “no reconocidas”, a las que Israel niega deliberadamente los servicios básicos e infraestructura del estado, y cuyos habitantes viven bajo la amenaza constante de desalojo. Israel está tratando de forzar a estos habitantes en siete estrechos municipios planificados y diez aldeas recientemente reconocidas con el fin de utilizar la poca tierra beduina restante como bosques, zonas militares y nuevas ciudades y pueblos judíos. En 2011, el Gobierno aprobó el Plan Prawer para legitimar la política del estado de desplazamiento forzado en el Neguev, la legislación en el Plan está ahora pendiente de evaluación por la Knesset. Si se aplica, se traduciría en el desplazamiento forzoso de hasta 70.000 personas.

El desplazamiento forzado en la zona C

Israel ejerce el control sobre la zona C en las áreas de seguridad, planificación y zonificación. Una serie de órdenes militares han hecho el Registro de propiedad de la tierra palestina y la obtención de permisos de construcción casi imposible, dejando de lado vastas extensiones de tierras para los asentamientos judíos en los territorios palestinos ocupados. Según la OCHA, el 70% de la tierra está totalmente fuera del alcance de los 150.000 palestinos residentes en la zona C y se ha asignado a los asentamientos judíos y zonas de amortiguamiento circundantes, o designados zonas militares, ‘zonas de fuego’ o reservas naturales.

El desplazamiento de la mayoría de la zona C y las restricciones a la construcción palestina y el desarrollo en el 30% restante de tierra resulta en que las viviendas sean consideradas ilegales por el ICA. Las viviendas “ilegales” de los 27.500 beduinos en la zona C son especialmente señaladas, con un notable aumento de las demoliciones desde 2011. Además, los pueblos están desconectados de cualquier infraestructura y es muy limitado el acceso a los servicios, creando condiciones intolerables, a fin de coaccionar a las familias a abandonar su tierra y modo de vida rural.

“Desde 1948, Israel ha creado una compleja matriz discriminatoria con la tierra, la planificación y las leyes militares y regulaciones para aprovechar el control de la tierra Palestina y el desplazamiento cientos de miles de sus habitantes a través de medios “legales”. ”

Métodos de Israel de desplazamiento forzado en la actualidad

Israel utiliza los siguientes métodos para desplazar a la fuerza a los palestinos a ambos lados de la Línea Verde:

1. Demoliciones de hogares

Según el régimen de planificación nacional de Israel, los pueblos “no reconocidos” en el Neguev son estructuras ilegales y todo en ellos está sujeto a demolición. A partir de 2008-2011, 2.200 casas palestinas fueron demolidas en el Neguev y más de 14.000 personas displazadas. Por el contrario, desde 1997, Israel ha legalizado retroactivamente 35 ‘asentamientos individuales”, que se establecieron estas granjas fuera de la ley nacional o plan Nacional; casas individuales de familias judías en vastas extensiones de tierra.

De acuerdo con el régimen de planificación en los Territorios Palestinos Ocupados, los palestinos que viven fuera zonas designadas se les niegan los permisos para construir viviendas, dejando a todas las estructuras ilegales y amenazadas por la demolición. El Comité Israelí contra la Demolición de Casas informa de que en el período 2008-2010, unas 1.000 estructuras palestinas fueron demolidas y más de 2.200 personas fueron desplazadas por la fuerza sólo en la zona C.

2. La negación de los servicios básicos

El Régimen de planificación discriminatoria de Israel también ha legitimado la negación de servicios básicos a los palestinos que viven en las aldeas no reconocidas, por el condicionamiento del acceso a agua, electricidad, alcantarillado, calles pavimentadas, escuelas y centros de salud. Por ejemplo, el artículo 157A Del Plan Nacional y la Ley de Construcción prohíbe a las empresas nacionales de servicios conectar a un edificio a las redes nacionales de electricidad, agua y teléfono si carece de un permiso de construcción, que se aplica a todas las aldeas no reconocidas, así como la mayoría de las estructuras en las diez aldeas beduinas  recientemente reconocidas.

Considerado la violación de las órdenes militares y el régimen de planificación discriminatoria, a muchos pueblos palestinos en el territorio palestino ocupado se les niega el acceso a los servicios básicos, infraestructura y servicios de un modo similar. Según la OCHA, más del 70% de las comunidades palestinas que viven en la zona C no son conectadas a la red de agua y, en consecuencia, el consumo de agua en algunas de estas comunidades es sólo una quinta parte del volumen recomendado por la Organización Mundial de la Salud.

3. La destrucción de los medios de vida

Israel destruye regularmente los cultivos sembrados por los beduinos en aldeas no reconocidas, privándolos de su principal fuente de sustento. En la tierra de Israel y el régimen de planificación, todos los cultivos plantados y cultivados en la tierra de los pueblos no reconocidos están sujetos a la destrucción.

Israel crea obstáculos físicos en Cisjordania, por ejemplo, puestos de control, bloqueos de carreteras, carreteras segregadas y el muro de separaciónl, todos los cuales se dirigen a restringir severamente la libertad de circulación de los palestinos, sobre todo en la zona C. Estas restricciones niegan el acceso de los palestinos a sus tierras agrícolas. Israel también arranca olivos y destruye las fuentes de agua y pozos que pertenecen a los palestinos

4. Confiscación de tierras con “fines públicos”

La Ordenanza de la Tierra (Adquisición para fines públicos) (1943) permitió a Israel confiscar grandes extensiones de la tierra palestina como ‘utilidad pública’, para proyectos de forestación, carreteras y zonas militares. Hasta el 66% de la enorme masa terrestre del Neguev ha sido confiscada por supuestos fines públicos y los beduinos tienen acceso sólo a una pequeña fracción del 34% restante. Sin embargo, el gobierno tiene previsto desde Octubre de 2011 establecer siete nuevas ciudades judías y un nuevo complejo militar situado en un terreno que amenaza directamente a cerca de 18.000 ciudadanos beduinos con el desplazamiento forzoso.

Aunque el 70% de la tierra de la zona C ya está fuera de los límites para el desarrollo palestino y se ha asignado a los asentamientos judíos o uso militar, 38 comunidades están situadas en una zona recientemente designada como una nueva zona de disparo para el entrenamiento militar y las 5000 personas que viven allí se enfrentan a un desplazamiento forzado de sus hogares.

5. Forestación y Reservas Naturales

El JNF cuasi gubernamental se define como un “administrador del pueblo judío” y considera que “no tiene que actuar con equidad hacia todos los ciudadanos del Estado”.

El JNF está muy involucrado en la plantación de bosques, reforestación y lo utiliza como medio de confiscación de tierras palestinas, lo que resulta en el desplazamiento de sus habitantes. En diciembre de 2011, por ejemplo, el gobierno anunció un plan para expandir el bosque Yatir existente en el Neguev que desplazaría a los 500 habitantes del pueblo beduino no reconocido de Atir.

En la zona C, el ICA ha designado el 20% del valle del Jordán y el Mar Muerto como reservas naturales. Esta designación no sólo prohíbe residir en esas zonas, sino que también restringe el movimiento de los 48.000 palestinos que viven en el valle y evita que los cultivos y el pastoreo de su ganado.

6. La expansión de los asentamientos y puestos de avanzada judíos en la zona C

Israel ha utilizado su sistema laberíntico de las órdenes militares para desplazar a la fuerza a los palestinos en Cisjordania y aprovechar sus tierras para la construcción y expansión de los asentamientos judíos ilegales. Unos 325.000 colonos viven ahora en 235 asentamientos y puestos de avanzada en el Área C. Cabe destacar que la zona de influencia para la expansión es nueve veces mayor que la existente de área urbanizada.

7. Violencia de los colonos

Los palestinos en Cisjordania se enfrentan regularmente con violencia física extrema, la intimidación y el acoso de los colonos judíos, mientras que la ley fracasa sistemáticamente para enjuiciar penalmente o sancionar a los responsables o incluso a intervenir. La misión de investigación de la ONU sobre los asentamientos israelíes en el 2013 llegó a la conclusión de que “la motivación detrás de esta violencia y la intimidación contra los palestinos y sus propiedades es conducir a las poblaciones locales fuera de sus tierras y permitir que los asentamientos se expandan. “Israel ha utilizado sistemáticamente la ley como una eficaz herramienta para lograr una realidad geopolítica de un Estado judío en la cantidad máxima de tierra que contenga el mínimo número posible de palestinos”.

8. Acoso del Estado

La violencia del Estado se utiliza con frecuencia para obligar a los palestinos a abandonar sus tierras. Por ejemplo, los manifestantes que protestan por el desplazamiento forzado, las demoliciones de casas, o violación de los derechos territoriales son arrestados, procesados ​​y encarcelados durante y después de las operaciones de demolición y evacuación. El estado también ha demandado a los palestinos individualmente a pagar millones de shekels para los costos asociados con la destrucción de sus hogares, incluido el pueblo de Al-Araqib.

La ley que se aplica tanto en Israel como en los Territorios Palestinos Ocupados falla, en su forma y aplicación, para proteger a los palestinos de estos métodos de desplazamiento forzado. Cuando la ley, nacional o internacional, ofrece protección a los palestinos del desplazamiento forzado. En cambio, Israel ha utilizado sistemáticamente la ley como un instrumento eficaz para lograr una realidad geo-política de un Estado judío en la cantidad máxima de tierra que continga el número mínimo de Palestinos.

Conclusión

Durante su misión de investigación a Israel y los territorios palestinos ocupados en 2012, el Relator Especial de la ONU sobre Vivienda Adecuada Raquel Rolnik declaró que había “sido testigo de un modelo de desarrollo que excluye sistemáticamente, discrimina y desplaza a las minorías en Israel y que ha sido replicado en el territorio ocupado desde 1967. “También en 2012, el Parlamento Europeo emitió una resolución histórica que condena enérgicamente las políticas israelíes de desplazamiento forzado en Cisjordania y Jerusalén Oriental, y que unen, por primera vez, este tipo de políticas con el desplazamiento de la Comunidad de beduinos en el Neguev. Cada vez más, la comunidad internacional, incluyendo los tratados de la ONU sobre derechos humanos, están llamando la atención y a la preocupada sendsibilización por la política de desplazamiento forzado de Israel, dondequiera que ocurra.

La adopción de un enfoque basado en los derechos sobre el desplazamiento forzado permite centrarse en las personas y comunidades cuyos derechos están siendo violados, dondequiera que estén, y exige únicamente que las violaciones cesen. Este enfoque no es rígido en términos de análisis de temas dentro de los marcos jurídicos distintos, uno para Israel, una para los Territorios Palestinos Ocupados, ambos son incapaces de detener la violación de los derechos palestinos, sino que también han mantenido durante mucho tiempo un paradigma que está divorciada de los hechos en los sobre el terreno.

Aunque esta discusión se encuentra todavía en una etapa incipiente, se desprende de la historia de Al-Araqib y Susiya que los palestinos están amenazados por el desplazamiento forzado por parte de Israel tanto si son ciudadanos israelíes como si son personas protegidas que viven bajo Ocupación. La esperanza es que cuando la realidad del desplazamiento forzado de palestinos se coloca y se entiende en su verdadero contexto, también lo serán los pasos que se necesitan para poner fin a las violaciones.