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Publicado en Hemisferio Zero

David Perejil

1. Egipto es un país clave en Oriente Medio y para el proceso de revueltas árabes iniciado en 2011. Por muchas razones. Por el peso de una nación histórica en la zona, por ser el país más poblado del mundo árabo-musulmán, por su liderazgo panarabista durante unos años y luego, por su acuerdo con Israel. Su lugar en Oriente Medio está llamado al liderazgo. Y más, desde que el 25 de junio de 2011 un movimiento popular, aprovechando las contradicciones del régimen lograra forzar la salida de Mubarak. También porque desde el 30 de junio de 2012, Mursi al frente del partido Libertad y Justicia suponía toda una experiencia para un islam político gobernante después de unas elecciones. Todo lo que ha sucedido y lo que pueda suceder a partir de los nuevos hechos afectará a las revueltas y revoluciones árabes y a todo Oriente Medio.

2. Todo es muy confuso y está lleno de claroscuros. ¿Hay que evidenciarlo? Desde el 30 de junio, todo el planeta ha mirado lo que está sucediendo en la plaza Tahrir, en El Cairo y todo Egipto. Las millonarias manifestaciones organizadas por el movimiento Tamarod (‘Rebelión’), a las que asistieron entre 14 y 22 millones de personas de un país cercano a 90 millones, tras la también millonaria recogida de firmas pidiendo la dimisión de Mohammed Mursi con entre 15 y 22 millones de firmas, culminaron con el pronunciamiento y golpe del ejército egipcio y el derrocamiento y arresto del presidente, además del cierre de canales de televisión y la detención de integrantes de los Hermanos Musulmanes.

Golpe que tuvo el apoyo de fuerzas tan distintas como revolucionarios con un proyecto de cambio total de la sociedad, fuerzas liberales, mubarakistas, nacionalistas, partidarios del partido salafista Al Nour, representantes de la iglesia copta o la Universidad de Al Azahar.  Es decir, todo un abanico de posturas con causas muy distintas, a veces contrapuestas. Algunos activistas egipcios han señalado cómo el ejército utilizó parte de las movilizaciones en su propio beneficio para acabar con el gobierno de su tradicional enemigo político en los últimos años de la historia de Egipto.

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Miles de personas protestaron el pasado 30 de junio contra los Hermanos Musulmanes y el presidente Mursi en Egipto. Foto: Flickr Zeinab Mohamed.

3. Desde el principio de la revolución egipcia del 25 de enero hay, al menos, cinco grandes fuerzas sociales en el país: mubarakistas, ejército, jóvenes activistas repartidos en varios movimientos, opositores nacionalistas y liberales y varios grupos islamistas. Y en medio, gran parte de la población que desea vivir con dignidad, sin corrupción y con seguridad. Estos grupos no son ni mucho menos homogéneos, pero sobre sus alianzas y confluencias han girado los dos últimos años y medio de la vida en Egipto. Si en 2011 la confluencia de movimientos sociales –Kefaya, 6 de abril, sindicales y muchos otros- con bases islamistas, más la aparición al final de la dirección de los Hermanos Musulmanes,  fue decisiva para que el Ejército forzara la caída de Mubarak, este junio de 2013 ha sido la suma de la  heterogénea confluencia de grupos antes citada. El punto inicial de agrupación de las fuerzas del 30 de junio hay que situarlo en las protestas contra la decisión de Mursi de blindarse y arrogarse todos los poderes en noviembre de 2012.  Las alianzas cambiantes entre estos grupos sociales han marcado el peso de las protestas.

4. Sobre ellos, hay que anotar varios comentarios. El proceso nacido tras el 25 de enero ha fallado en crear unas condiciones políticas, amplias y representativas de una sociedad tan plural como la egipcia. Y con la necesidad de unos primeros años claves para asentar las bases del nuevo juego político tras la dictadura. El ejército trató, y trata, de amarrar al máximo sus privilegios económicos y de poder, situándose fuera de su alianza con Mubarak –como si este no hubiera salido de su cúpula- y con la línea roja de los acuerdos con Israel y EE.UU.

Los Hermanos Musulmanes han fallado ante muchos egipcios, que han sentido que solo gobernaban para sus votantes y su proyecto político y para los que estaban creando las bases de una futura y nueva dictadura con un proyecto de sociedad totalitario e impositivo. A su vez, han cambiado su actuación ante la competencia con los partidos salafistas. El conglomerado de fuerzas de oposición agrupadas en el Frente Nacional de Salvación ha intentado solventar la fragmentación de las primeras elecciones, a costa de una organización que ha vuelto a dar cabida a los partidarios del antiguo régimen. Para otros egipcios, su apuesta por derrocar a Mursi desde noviembre, más allá de estar en contra del decreto de poderes absolutos para el presidente o posturas concretas ante la Constitución, ha marcado una impronta de oposición desestabilizadora.

5. El golpe, pese al apoyo popular, asesta un duro revés a todo el proceso en el país y en la región. Lo ideal hubiera sido que se hubiera generado más consenso en el proceso político de todos los partidos y sectores políticos que poco a poco hubiera arrinconado a la antigua dictadura y creado reglas comunes del juego democrático. Que Morsi hubiera sido sensible a unas movilizaciones gigantescas que demandaban gobernar para toda la población y hubiera negociado con las oposiciones y que el ejército hubiera ido perdiendo su poder político.

Todo ello, sin volver a un golpe que sitúa al país en un callejón sin salida. O se integra a proyectos políticos distintos, o se imponen por la fuerza, como ha sucedido con el golpe. Para aquellos que se han sentido agradecidos pues se libraban del proyecto político de los Hermanos, que detestaban por razones muy distintas, puede tratarse de un peligroso “abrazo del oso”, como ya criticaron algunos al final del año y medio de transición con la Junta Militar al frente.  El desgaste político del partido político de los Hermanos Musulmanes podía traducirse en un cambio político, que les hubiera dado gran legitimidad democrática. Ahora, si los descabezados Hermanos Musulmanes no están integrados en el nuevo proceso, y es difícil que lo estén a corto plazo, para una parte de la población el juego volverá a estar viciado, con un mensaje implícito de que no podrán gobernar nunca, pese a ganar elecciones…

Ganar unas elecciones no debería suponer imponer un proyecto a toda una población. Hay que tener en cuenta leyes, poderes distintos, derechos individuales… pero no dejar gobernar a quienes hayan ganado vuelve a introducir a la zona en un callejón sin salida, entre dos proyectos que pueden ser totalitarios, como ya lo han sido en lugares y tiempos distintos. Y fuera de las demandas democráticas, de dignidad y reparto económico. El peligro de una involución, del uso de la fuerza o de una vuelta a dictaduras (no se sabe de qué signo) está sobre la mesa. A la vez, influye en el proceso de cómo viven los y las árabes su relación con la religión, sus derechos individuales y religiosos.

Captura de pantalla de la declaración televisada del general Abdel Fattah El-Sisi, actual ministro de defensa y comandante supremo del ejército egipcio.

Captura de pantalla de la declaración televisada del general Abdel Fattah El-Sisi, actual ministro de defensa y comandante supremo del ejército egipcio.

6. Las reacciones internacionales han estado marcadas por el más puro y duro interés de Estado. Todos los países de la zona y el resto de la comunidad internacional llevan jugando partidas a varias manos desde que las realidades les cambiaron bajo los pies en 2011. Todos intentan salvaguardar sus intereses políticos y económicos en un entorno incierto.

De manera muy resumida, podemos decir que EE.UU., que viene perdiendo peso como potencia internacional hegemónica, no desea situarse en primera línea. Desde la crítica a nuevas alianzas con los partidos islamistas gobernantes al supuesto conocimiento de la actuación de un ejército, el egipcio, con el que tiene fluidas relaciones, está claro que opta por las líneas rojas de mantener poder, influencia y apoyo a Israel. La Unión Europea está sumida en una crisis que ahonda en su tradicional división de política exterior, lo que le ata cada vez más a la postura de Estados Unidos. Ambos no han querido condenar el golpe. Arabia Saudí ha respirado aliviada de que no se extienda un proceso democratizador que podría señalar al país más retrógrado de la región y a la vez, de quitarse competencia entre los proyectos de uso político de la religión. Siria, porque al Assad entiende que le da aire un nuevo gobierno que no le cuestiona, de hecho ha vuelto a establecer relaciones, y le permite ocultar las matanzas contra su población y situar sus problemas en el campo que le interesa, el sectarismo. En Turquía han sorprendido las críticas al golpe tanto de partidos laicos como religiosos, quizá por una experiencia histórica que ya no tolera más pronunciamientos militares. A la vez, el gobernante AKP debería tomar nota de que gran parte de su población no acepta que se le imponga un modelo social de la otra mitad, algo que reclamó durante largos y oscuros años. En otros países musulmanes, la respuesta ha sido más de parte, a favor o en contra de partidos religiosos.

7. Y lo más importante es saber si estos acontecimientos echarán más tierra encima de las exigencias de “pan, dignidad y justicia social” gritadas desde 2011.  Si es un paso más en un complejo y seguramente largo proceso de cambio, como confían muchos de los activistas de Tahrir empoderados por las movilizaciones populares y confiados en poder controlar al Ejército, o se encamina a una involución hacia la anterior u otros modelos de dictadura. En todo caso, la solución de los problemas económicos en Egipto parece acuciante y muy difícil a corto plazo. Con la economía paralizada por el periodo de crisis y con unas bases de gran dependencia, corrupción y liberalización forzada desde hace dos decenios, al menos, la nueva situación política, permite, al menos,  poder protestar y demandar cambios. Será clave lo que la sociedad egipcia apoye, lo que sea capaz de aguantar movilizada o a quién seguir, si proyectos de cambio más profundo, democracia u otros que les prometan seguridades. Y ahí los grupos activistas tendrán un (aun más) duro trabajo en la calle, y de ánalisis de su complicada y confusa realidad con partidos políticos, ejército e influencias externas.

Todas las sociedades tienen posibilidades de desarrollo y también sus propios demonios.  En el caso de Oriente Medio, además de la complejidad de enfrentarse a grupos políticos con mucha experiencia, nos encontramos ante, posiblemente, la zona del mundo con más manos encima, con más intereses de otros países interviniendo en las vidas de las personas. Esto dificulta aún más procesos como los de las revueltas y revoluciones árabes iniciadas en la ruptura del miedo de miles de personas y activistas con gran Valentía.  Tanta como la que están demostrando las mujeres egipcias ante la oleada de acoso sexual y violaciones que han vuelto a sufrir durante junio y julio, pero que no les están impidiendo gritar y participar en las movilizaciones, acompañadas por grupos y personas que intentan evitar esa barbarie.

 
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Beatriz Piqueras (*)

Me avergüenza pretender abarcar la inmensidad de matices que dibujan la actual situación en Egipto, pero su importancia hace imposible ignorar esta semana los eventos ocurridos y aún en desarrollo.

La revolución iniciada el 25 de Enero de 2011 que acabó con el régimen de Mubarak en Egipto la iniciaron juventudes (que es la mayoría demográfica de un país con más de 80 millones de habitantes), urbanas del Cairo (20 millones de habitantes). A ella rápidamente se unieron otros sectores cuya representatividad en el panorama social y político estaba coartada como partidos de izquierdas, sindicatos y sí, salafistas y hermanos musulmanes, y se extendieron por todo el país.

Los militares acabaron “apoyando” la revuelta ciudadana revocando el poder al dictador, pero no así al inicio de la misma. Las dictaduras militares se vienen sucediendo en Egipto desde los años 50, tiempo durante el cual las jerarquías militares han acumulado poder y privilegios dentro del estado (un 30% del PIB por ejemplo). Además es el segundo ejército mejor financiado por los Estados Unidos tras el de Israel, con 1.500 Millones de dólares anuales

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Tras una transición liderada por los militares muy criticada por la propia ciudadanía, el 30 de Junio de 2012 Mohamed Mursi toma el poder en elecciones democráticas. Los Hermanos Musulmanes consiguieron un 51% de los votos (13-14 millones de votos), y la segunda fuerza política fueron los salafistas, por lo que un 72% de los escaños del Parlamento los componían partidos islamistas

Las razones del triunfo alegadas son múltiples: que Egipto es un país eminentemente musulmán es inapelable pero no toda la población es por ello islamista. Aun así tras tantos años de Dictadura que evitaba y reprimía cualquier tipo de organización social es fácil imaginar que al presentarse en pocos meses unas elecciones el vacío de poder le sería más fácil llenarlo a asociaciones religiosas de todo tipo, las únicas permitidas hasta el momento. Algunos de los que votaron a Mursi ni siquiera creían en él realmente, pero tenían más miedo a los adversarios salafistas (el principal es el partido Al Nur) o al mantenimiento del régimen y vieron en los hermanos la única solución plausible.

Los hermanos musulmanes han ganado muchos apoyos desde la sombra cuando eran perseguidos pero lo cierto es que las últimas décadas han sido tolerados más activa o pasivamente por el régimen militar, hasta el punto de haber participado en las elecciones de 2010.

Por otra parte es bien conocida su estrategia de creación de un estado de bienestar fallido por el Gobierno con la construcción de escuelas, hospitales e incluso pensiones de viudedad para las esposas de militantes del movimiento. En un país donde el 40% de la población vive con menos de 2$/día y un 25% con menos de 1$/día un soporte así no cae en saco roto.

Además se produjeron muchas denuncias contra la limpieza de dichos comicios: compra de votos, que se usaron las mezquitas durante la campaña y se emplearon lemas religiosos, como que “quien vota a Morsi va al paraíso” dirigidos a un pueblo religioso y analfabeto. Denuncian, además, que impidieron a muchos cristianos y mujeres votar, se falsificaron papeletas y la Administración de Obama presionó a favor de Morsi.

En cualquier caso a lo largo del último año se han continuado aparentes intentos de consenso político al inicio. Se le recrimina no haber buscado el diálogo y el consenso, aunque otros arguyen la poca colaboración del resto de la oposición como sigue:

La composición monolítica de los gobiernos de Mursi, supuestamente dominados por los Hermanos Musulmanes, fue la primera razón argüida para descalificarlo. Sin embargo, según han reconocido los implicados, o personas próximas a ellos, Mursi ofreció el puesto de presidente del gobierno a Ayman Nur, presidente del partido Gad Al-Thawra, el de vicepresidente de la República a Hamdin al-Sibahi, presidente del Partido Naserista y adversario presidencial de Mursi, y el de asesor presidencial a Ahmad Maher, dirigente del Movimiento 6 de abril. Todos ellos declinaron la oferta. Un año después, el presidente del gobierno, Hisham Qandil, que no es miembro de los Hermanos Musulmanes, declaró en una entrevista televisada que había ofrecido de nuevo puestos ministeriales a destacadas figuras de la oposición. Aun así, la composición del último gobierno incluía tan sólo 10 miembros de la Hermandad de un total de 27 ministros.

 La oposición a la composición de la Asamblea Constituyente que debía redactar la constitución fue la segunda piedra de toque en la que los partidos de oposición mostrarían sus cartas, arguyendo que estaba dominada por personas de tendencia “islamista”. Sin embargo, la composición de la asamblea había sido aprobada en un acuerdo firmado por los 22 partidos de la oposición el 7 de junio de 2012, antes de la elección de Mursi, tras aceptar los Hermanos Musulmanes el fallo judicial, producido bajo el mandato de los militares, que anulaba la composición de su predecesora, determinado por el parlamento, donde no hay que olvidar que la coalición de los Hermanos Musulmanes y otros partidos islamistas contaba con el 72% de los escaños, obtenidos a principios de año (el Parlamento también había sido disuelto por un fallo judicial). La mayoría de los miembros de los partidos de la oposición se retiraron prontamente de los debates de la Asamblea. La constitución fue aprobada con un 64% de votos a favor, aunque la participación electoral fuera baja (33%).

 La declaración constitucional emitida por Morsi el 22 de noviembre de 2012, que fundamentalmente pretendía blindar las decisiones de aquel y las de la Asamblea Constituyente frente a los fallos del poder judicial fue sin una decisión autoritaria, y uno de los mayores errores estratégicos de Mursi, a pesar de que anulara dos semanas después sus disposiciones más controvertidas –lo que indica los límites de su autoritarismo-, y de que estuviera orientada a prevenir la influencia de la importante presencia en el poder judicial de fieles servidores del ex presidente Mubarak y de sus sucesores, el CSFA. En este mismo terreno, siguió poco después el intento de limitar dicha influencia mediante la reelaboración de la legislación relativa a los cuerpos judiciales, y en particular de adelantar cinco años la edad de jubilación de los jueces. Hay que señalar, sin embargo, que pocos años antes Mubarak había retrasado dicha edad de jubilación en cinco años, y entonces nadie dudó de que el ex presidente lo hiciera para servir a sus intereses. Finalmente, en el terreno judicial, también en noviembre de 2012 Mursi cesó en su puesto al Fiscal General, Abdel Meguid Mahmud, y nombró uno nuevo por cuatro años, lo que así mismo abrió una larga disputa acerca de su autoritarismo. No obstante, Mahmud había sido nombrado por Mubarak, y había sido acusado por la oposición tras enero de 2011 de dificultar las investigaciones sobre los dirigentes del régimen de aquel. Hace unos días, el Tribunal Supremo falló, sin apelación posible, que Mahmud debía retornar a sus anteriores funciones

El Gobierno islamista también había intensificado la presión sobre sus críticos. En los últimos meses se han multiplicado las campañas contra las organizaciones de la sociedad civil y las nuevas centrales sindicales surgidas tras la revolución. Asimismo se ha experimentado un rebrote del sectarismo, como muestran los diversos linchamientos y persecuciones entre la minoría chií (integrada por, al menos, 200.000 personas) y la población copta (unos nueve millones), muchos de ellos alentados desde las filas salafistas.

Es cierto que Mursi heredó una situación económica catastrófica, pero durante el año de Gobierno no parece que hayan cambiado mucho la tendencia.

El Proyecto Renacimiento, planteado a bombo y platillo durante la campaña electoral de Morsi, pretendía captar 200.000 millones de dólares en inversiones y alcanzar, en un plazo de cinco años, un crecimiento del 7% anual. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, ya que la economía apenas creció el pasado año un 1,8% (frente al 5% del periodo 2006-2010). Entre 2009 y 2012, el déficit fiscal se duplicó, pasando del 5,6% al 11%. Hoy en día, la deuda pública representa ya el 85% del PIB y las divisas están prácticamente agotadas (desde la caída de Mubarak se han gastado dos terceras partes de las reservas). La importación de productos de primera necesidad, como el trigo y el gasóleo, se ha disparado y cada vez es más costosa debido a la depreciación de la moneda local (más de un 15% en los últimos seis meses). La inflación no deja de escalar y ya supera el 11%, mientras casi la mitad de la población vive bajo el umbral de la pobreza (un 25% con menos de un dólar al día y otro 24% con dos). Además, son cada vez más frecuentes los cortes de agua y electricidad.

Ante esta dramática situación, el Gobierno egipcio negoció con el FMI un préstamo de 4.800 millones de dólares.

Tras imponerse en las elecciones presidenciales, Morsi prometió que sería el presidente de todos los egipcios y que no trataría de imponer una agenda islamista, exactamente lo contrario de lo que hizo después. En lugar de negociar un pacto con el resto de fuerzas políticas para superar la compleja situación que atenazaba al país, la Hermandad movilizó a todos sus peones para controlar las principales estructuras estatales en un proceso que los egipcios denominan ijwanización (del árabe ijwan, hermanos). Como único compañero de viaje en esta arriesgada travesía han elegido al movimiento salafista, que aspira a restablecer el califato islámico y es generosamente financiado por Arabia Saudí.

Tras la disolución del Parlamento, el presidente Morsi ha maniobrado para concentrar buena parte del poder ejecutivo, legislativo y, también, judicial. Estos movimientos explican el creciente malestar de los sectores seculares, que consideran que se ha reforzado el presidencialismo y que el Partido de la Libertad y la Justicia, marca política de la Hermandad, disfruta de una situación cuasi monopolística muy parecida a la que, en época de Mubarak, detentó el oficialista Partido Nacional Democrático.

Durante ése año además de la economía  el Gobierno de Mursi ha lidiado con las antiguas instituciones del régimen, como los medios de comunicación, el poder judicial y el ejército, pero ha intentado sustituir los elementos incómodos por su propia campaña publicitaria en sus medios, cambiando la jubilación de los jueces ( lo que jubilaba de golpe a 3000 jueces) sustituyendo al fiscal general; y fracasando estrepitosamente en limitar el poder militar (uno de los puntos más criticados al cesado Gobierno de hecho).

Dichos militares consiguieron mantener privilegios como los juicios militares para civiles (tan criticados durante la transición hasta las elecciones), la exención de presentar su presupuesto al Parlamento y conservando el derecho de situar ellos mismos a un civil como Ministro de Defensa.

Respecto a la policía, las violaciones de derechos humanos (existen decenas de testimonios sobre torturas en las comisarías) cometidas por dicho cuerpo continúan impunes y no se ha realizado ningún gesto para reformar el Ministerio del Interior.

La hermandad acusaba a los medios independientes  de estar bajo la influencia de los restos del régimen previo y presionándolos, ante lo cual Mursi, al igual que con las Matanzas de coptos ha mirado hacia otro lado. La nueva Ley para organizaciones sociales civiles desarrollada por el Gobierno Morsi iba más allá incluso en sus restricciones que ninguna formulada anteriormente por el propio Mubarak.

La ley para la libertad de información recabó sugerencias de organizaciones civiles para luego acabar ignorándolas o descafeinándolas hasta lo irreconocible.

La revolución egipcia se inició para cambiar las reglas del juego, y no meramente a los jugadores como pretendía Mursi.

Todo ellos justifica la campaña de recogida de firmas llevada a cabo para poner en duda la completa legitimidad del Gobierno de Mursi que ha recolectado desde Abril 22 millones de firmas frente a los 14 de las elecciones que obtuvieron los hermanos.

Entre las teorías de la conspiración que  sugieren que el golpe militar está influenciado por la CIA y otros intereses externos se indica que en los días previos al mismo, se sufrió una importante escasez de combustible que tensó los ánimos en la calle, limitaciones que parecen haber desaparecido tras el derrocamiento misteriosamente.

De hecho en informaciones de esta mañana (8Julio2013) Le Monde afirma que los militares se reunieron el 23 de Junio, antes de que empezaran las manifestaciones, para dibujar una estrategia para expulsar a Morsi del poder.

Para hacer frente al desafío islamista, la oposición secular ha establecido un Frente de Salvación Nacional en el que toman parte tanto los partidos de izquierdas y de derechas, tradicionales herederos del régimen “fulul” (Wafd, Karama y Tagammu), como los de nuevo cuño (Partido de la Constitución, Partido Social Democrático Egipcio o Partido de los Egipcios Libres), así como diversos movimientos juveniles (Tamarod) y sindicatos. Sus principales demandas son la retirada del decreto presidencial, la derogación de la Constitución y el establecimiento de una nueva Asamblea Constituyente.

Si bien es cierto que la oposición parece haber extraído algunas lecciones de los errores cometidos desde la caída de Mubarak (entre ellos la falta de liderazgo, la fragmentación política y la incapacidad de articular un discurso que conecte con el electorado), no está del todo claro que dicho frente sea capaz de permanecer unido hasta las próximas elecciones, ya que el único elemento que le cohesiona es su rechazo frontal a Morsi. Las diversas formaciones que toman parte en esta heterogénea coalición mantienen fuertes discrepancias en torno a la hoja de ruta para sacar a Egipto de la profunda crisis en la que se encuentra inmerso.

El representante del Frente de Salvación Nacional, Hamdin Sabahi, que ocupó el tercer lugar en las elecciones presidenciales, había pedido varias veces en los últimos días la intervención del ejército. Lo mismo en el caso de Tamarod , el movimiento responsable de las movilizaciones del 30 de junio y de la campaña de recogida de firmas, cuyos portavoces confiesan abiertamente haber coordinado las protestas con la cúpula militar, y que han respondido a la declaración de las fuerzas armadas («daremos nuestras vidas combatiendo a los terroristas, extremistas e ignorantes») reclamando la inmediata detención del presidente electo Mohamed Mursi.

Un año después de ganar unas elecciones, el presidente del país es defenestrado por el Ejército, que se hace con las riendas del país. Técnicamente, huele a golpe de Estado y así lo presenta la prensa, aunque no las declaraciones oficiales de muchos países occidentales como Estados unidos o la Unión Europea, que evitan descaradamente el término a la vez que realizan llamamientos a una vuelta a los mecanismos democráticos. Sin embargo  muchos activistas y sobre todo analistas refutan el término rotundamente:

“Unas fuerzas democráticas -el movimiento Tamarod que se traduce como Rebeldía- llevan meses recogiendo firmas en un documento en el que no se reconoce a este presidente. En esos papeles había unos objetivos determinados: acabar con Morsi, disolución del Parlamento, y derogación de la Constitución islamista hecha a espaldas del pueblo egipcio hace meses. A partir de ahí han marcado una hoja de ruta que establece que el presidente del Tribunal Constitucional tomará el poder hasta la redacción de una nueva Constitución o su modificación, y hasta que se celebren unas elecciones parlamentarias democráticas. (…). Las Fuerzas Armadas lo que están haciendo, según él, es asegurar que se cumpla esa hoja de ruta diseñada por el pueblo, le guste más o menos.

Las manifestaciones de estos días precipitaron la postura del Ejército, que según el cineasta, “hasta ahora estaba por la continuidad del poder de Morsi, en línea con las presiones de la Administración de Obama”. Los días previos al 30 de junio se sucedieron las manifestaciones, pero la del domingo fue masiva: “Salieron casi 30 millones de egipcios, según distintas fuentes; unas cantidades impresionantes en todo el país, las mayores en la historia de Oriente Próximo”, explica Ramsis, que estuvo en las que en 2011 derrocaron a Hosni Mubarak y cree que no son comparables.

En los últimos días, continúa Bassel Ramsis por teléfono, la violencia estaba en escalada: milicias islamistas armadas cortaban carreteras, una bomba estalló en una manifestación fuera de El Cairo, comandos de Al Qaeda se han hecho fuerte en el Sinaí, e incluso grupos armados de los años 80 y 90, aupados a puestos de poder en el Ejecutivo islamista, anunciaron un baño de sangre si derrocaban a Morsi. Hubo decenas de muertos y heridos en las protestas. Así las cosas, el Ejército decidió intervenir, pero según dice el cairota y bloguero de El Huffinton Post: “Quienes hablan de golpe de Estado no conocen Egipto o repiten lo que dice la Administración Obama”.

“El manifiesto que ha leído el jefe del Ejército es la hoja de ruta de la campaña Tamarod, y lo leyó en presencia de la jefatura religiosa, y con Mohamed ElBaradei como representante principal de las fuerzas democráticas, junto a representantes de la campaña y de todas las fuerzas revolucionarias. El Ejército ha dicho que no va a tomar el poder y lo ha cedido por completo al presidente del Tribunal Constitucional”. Ramsis insiste en que estamos ante una victoria de las fuerzas populares, y que los militares “han esperado a ver qué pasaba y se han subido al carro ganador”. En los años que vienen el trabajo de las fuerzas laicas será limitar su poder.

Realmente la lectura de la hoja de ruta por parte de al Sissi, resulta confusa: Este personaje pertenecía a la cúpula militar de Mubarak en primer lugar, formó parte del consejo militar que gobernó tras su caída, en Agosto de 2012 fue designado por Morsi como Ministro de Defensa, y ahora lidera la caída de Morsi de nuevo.

Ahora bien este supuesto movimiento por la democracia se ha iniciado como la vez anterior por la ciudadanía en las calles, pero ha sido ejecutado por una institución que conserva privilegios cuasi feudales y que se posiciona con o contra el pueblo según sople el aire, ya que tan sólo hace unos meses se acusaba al ejército de atacar a manifestantes.

Por otro lado en aras de la democracia lo primero que ha hecho este ejército es detener sin cargos  a miembros de los Hermanos musulmanes, incluso aquellos que no participaban en el Gobierno, a periodistas, a políticos de diversa índole

Olga Rodríguez:

Los militares detuvieron hoy al periodista de la BBC @mohamedgade y su equipo, cuenta @RanaKhazbak

Toñi Aranda:

Los fiscales ordenaron la detención del Dr. Mohammed Saad Al-katatni, jefe del partido de libertad y justicia, Dr. Rashad Al-Bayoumi, adjunto Supremo Guía de la Hermandad y miembro de la Junta de césped del ex alcalde, Mehdi Akef, ex líder de la Hermandad Musulmana, Dr. Hilmi jazzar, Secretario General del partido de la libertad y la justicia

Cerraron los principales medios de información de los hermanos musulmanes; y por si el derecho a la libertad, a la libertad de expresión y a la información no fueran moco de pavo, atentan contra el derecho último de cualquier ser humano: La integridad física y la vida, disparando contra las manifestaciones de los partidarios de los hermanos.

En los últimos recuentos de que dispongo (que para cuando leáis esto estarán desactualizados) indican que el viernes murieron 37 personas y 1100 resultaron heridas, que el domingo por la noche murieron más de 40 simpatizantes de los hermanos que se acercaron al cuartel de la Guardia Republicana donde Morsi es retenido.

Los militares han elegido como Presidente a Adly Mansour, Jefe del Tribunal constitucional seleccionado por Mursi el pasado Junio. Aunque llevaba desde el año 92 en la vicepresidencia de dicho tribunal durante la dictadura de Mubarak.

El sábado por la noche tras una ronda de contactos de Adly Mansour con una serie de representantes de la oposición egipcia, se filtró la información a través de agencias de noticias Mena que Mohamed Al Baradei sería el próximo primer ministro. Tras la reunión entre Mansour y al Baradei y la filtración a la prensa las reacciones fueron diversas: Hay conspiracionistas que desde el 2011 dicen que al Baredei es la figura propuesta desde Estados Unidos, activistas que creen que su partido es la opción más secular y liberal, y los partidos salafistas y hermanos musulmanes se oponen abiertamente a su elección hasta el punto de amenazar con abandonar las negociaciones si no se retira el nombre de al Baradei de la mesa.

A las pocas horas el portavoz del Gobierno interino desmiente esta información, unos creen que es por las amenazas salafistas de abandonar la hoja de ruta, otros que los militares lanzaron el rumor como globo sonda para ver cómo reaccionaba el pueblo.

Mohamed al Baradei  fue uno de los negociadores de los Acuerdos de paz de Camp David de 1978 que llevaron al reconocimiento de Israel como estado por el primer país musulmán y que expulsaron a Egipto de la Liga Árabe.

Fue el Director General de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) entre 1997 y el 2009, una organización intergubernamental bajo el auspicio de las Naciones Unidas.

En 2002, junto con Hans Blix, fue encargado por la Agencia y por las Naciones Unidas para certificar el desarme de Irak, y condujo el equipo de inspectores de la ONU buscando evidencias de armas de destrucción masiva en aquel país.

El 27 de enero de 2003, ante el Consejo de Seguridad de la ONU expuso que la AIEA había desmantelado, eliminado o evacuado la mayor parte de las instalaciones iraquíes con capacidad de fabricar armas nucleares. El 7 de marzo, ante el mismo órgano, reafirmó su postura y comunicó que no existía uranio en Irak procedente de Níger, tal y como George W. Bush había denunciado con anterioridad. Por ello, se opuso frontalmente a que Estados Unidos, Gran Bretaña, España y Portugal hicieran la declaración de las Azores que dio lugar a la invasión de Irak de 2003 al considerar que no había pruebas para dicha intervención, y solicitando un plazo de tiempo mayor para que los inspectores realizasen su trabajo.

El 7 de octubre de 2005 ganó el Premio Nobel de la Paz junto a la AIEA en “reconocimiento a sus esfuerzos por impedir la proliferación de armas nucleares”.  En 2006 Mubarak le concedió la Orden del Nilo, la mayor condecoración entregada en Egipto como reconocimiento a su Nobel de la Paz del año anterior.

En su tercer mandato, la AIEA y el-Baradei se centraron en dos procesos internacionales de envergadura: el control de la producción de uranio por parte de Irán, que era renuente a dar explicaciones a la Agencia, y la salida del Tratado de No Proliferación Nuclear de Corea del Norte, donde se sospechaba la posibilidad de que se hubiera obtenido material para un número indeterminado de armas atómicas. En ambos casos, Estados Unidos era contrario a la política de el-Baradei y pretendió su no reelección.

En febrero de 2010 creó la Asociación Nacional para el Cambio como alternativa política en Egipto. Durante las protestas de Egipto de 2011, el-Baradei regresó a su país para sumarse a los opositores al régimen de Hosni Mubarak señalando que volvía a El Cairo porque no había otra elección y que debía estar acompañando a la multitud. El nicho natural de su poco conocido partido Al Dustur (La Constitución) nicho natural de votantes son las clases medias urbanas .Candidato en las elecciones presidenciales de su país en 2011 tras la caída de Mubarak, renunció denunciando irregularidades en los comicios  de 2012 y manipulación por parte del Consejo militar provisional que gobernaba el país. El-Baradei considera inconstitucional la elección de Morsi y su partido Justicia y Libertad y apoya las protestas contra el gobierno de Morsi con motivo de su concentración de poderes del Estado.

Obviamente los Hermanos Musulmanes le acusan de querer ganar a través del ejército lo que no consiguió en las urnas, aunque el sábado por la noche el portavoz del Gobierno interino al desmentir la elección de al Baradei como nombramiento oficial animaba a los islamistas a participar en el proceso político y presentarse a las elecciones legislativas y presidenciales que se convocarán próximamente. Gehad el Haddad, portavoz de la Hermandad les contestaba con el grito ¡No nos representa! Mientras marchaban hacia el cuartel de la Guardia Republicana, donde las fuerzas armadas parecen tener retenido a Morsi.

Mientras tanto se suceden los episodios de violencia por todo el país, ataques a líderes coptos, a puestos de policía en la península del Sinaí (donde La Hermandad goza de grandes apoyos), acampadas en la Universidad del Cairo de simpatizantes de la Hermandad y el drama de 2 colectivos apenas tratado en los medios de comunicación:

1)      Los túneles que transportan víveres, agua, medicinas y material diverso a Gaza están siendo destruidos, lo que crea una verdadera crisis humanitaria en la zona (mayor a la habitual me refiero)

2)      Las mujeres egipcias son constante y masivamente violadas en las manifestaciones, hasta 200 hombres se ha visto rodearlas para violarlas. El ejército se habituó a prácticas como

En el tema de Gaza el paso de Rafah lleva cerrado desde el viernes

Rafah

El argumento es que los hermanos musulmanes eran colaboradores demasiado estrechos con Hamas. De hecho se ha obligado a unas 200 personas a regresar por el paso a Gaza y se produjeron enfrentamientos previos entre la policía del Sinaí y grupos armados Pero lo cierto es que el Gobierno de Morsi cegó por sí mismo el año pasado algunos túneles poco antes de la ofensiva israelí en Noviembre denominada “Pilar Defensivo” (me remito a las entradas de entonces para más información)

Euro-mid, Agencia de las naciones unidas, ya ha emitido varios comunicados  expresando su preocupación  por el empeoramiento de las condiciones de vida del 1.7 Millones de habitantes de la Franja a raíz de la situación política de Egipto.

La falta de combustible ya está limitando su uso a niveles alarmantes, dejando sólo los viajes en ambulancia más críticos.

El artículo que más ampliamente cubre el drama de las violaciones se titula “El infierno de ser mujer en Egipto”:

En los 18 días de manifestaciones que provocaron la caída de Hosni Mubarak, las mujeres que salieron a las calles no sólo luchaban contra un dictador, sino que se enfrentaban a los impulsos más bajos de su propia sociedad. En su lucha por la libertad, se mezclaron a una multitud en un país donde, en 2008, el 83% de las mujeres confesaba haber sufrido algún tipo de abuso sexual y el 62% de los hombres admitía haber cometido alguno, según los datos del Centro Egipcio para los Derechos de las Mujeres (ECWR). Tras la caída del tirano se desvaneció el ambiente de compañerismo que reinó en las plazas, y muchas de ellas fueron brutalmente violadas en mitad de las manifestaciones, incluso por las fuerzas de seguridad. Pocas pensaron que, con el triunfo de la revolución, el miedo a salir a la calle aumentaría. El espacio público no se reabrió para ellas, como prometían las consignas. La revolución había devorado a su hijas.

Durante los meses en los que la Junta Militar tomó el poder, la situación para las egipcias se agravó. Las violaciones pasadas quedaron impunes, lo que desencadenó un efecto multiplicador, según refiere Human Right Watch. El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas impuso las pruebas de virginidad, y utilizaron la violencia sexual para tratar de disolver las concentraciones que clamaban contra su mandato transitorio.

Mohamed Morsi inauguró su mandato un domingo, al mismo tiempo que la periodista británica Natasha Smith era violada en Tahrir, donde filmaba las celebraciones de la victoria. Tras ella vendrían cientos: durante las protestas contra el referéndum, contra el texto constitucional o contra el régimen. La nueva era resucitó una de las técnicas más oscuras de la época de Mubarak, se siguió usando la violencia contra las mujeres como herramienta política e ideológica. “El Gobierno está pagando a bandas para que acudan a las manifestaciones y agredan sexualmente a las mujeres, y así silenciarlas”, asegura Magda Adly, directora del Centro Nadeem de los Derechos Humanos. No sólo los informes de la Operación contra la Agresión y el Acoso sexual (OpAntiSH), el grupo Shot Taharosh (“Yo presencié un acoso”) o los vídeos de las agresiones en grupo lo confirman: los propios atacantes han reconocido a The Times y en el documental Sex, Mobs and Revolution que, por apenas 30 dólares, violan a las mujeres con el objetivo de que abandonen las manifestaciones. Siguen un patrón definido. En mitad del caos, rodean a sus presas asegurando que buscan defenderlas.  “Crean un anillo a tu alrededor e impiden que nadie más vea lo que está ocurriendo”, cuenta Yasmine el Baramawy. “Nadie te está defendiendo. Después, empiezan a difundir rumores entre el resto de la manifestación de que eres un matón, un criminal, o llevas una bomba. Si alguien intenta defenderte, es atacado”, explica.

 “Se lo merecen”

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 “Las mujeres que van a las protestar en Tahrir son prostitutas que buscan ser violadas”, bramó el clérigo Abú Islam en la televisión. “Piden que Morsi y los Hermanos Musulmanes abandonen el poder (…) Por cierto, el 90% son cristianas coptas y el restante 10% sólo viudas que han perdido el control sobre sí mismas. Puedes ver mujeres hablando como monstruos”. La idea de que las mujeres son las culpables de las violaciones no es exclusiva del salafismo local, sino que el mismo cuerpo legislativo creado por Morsi sostiene planteamientos similares.

El Comité de Derechos Humanos del Consejo de la Shura –uno de los órganos legislativos– mantiene que la responsabilidad por los abusos sexuales en las manifestaciones recae enteramente sobre las mujeres. “Saben que están entre matones”, ha dicho el general Adel Afifi. “Tienen que protegerse ellas mismas antes de pedirle al Ministerio del Interior que lo haga. Si se ven envueltas en esas circunstancias, las mujeres tienen el 100% de la responsabilidad”.

El objetivo es obscenamente evidente: apartar a las mujeres de las protestas que ni un solo día han dado respiro a Mohamed Morsi. “Si las convence para no salir a las calles, las manifestaciones habrán perdido el 50% de participantes”, señala Ramsis. “Es pura política”, concuerda Engy Ghozlan, de OpAntiSH, “su intención es la exclusión de las mujeres del espacio público”.

El poder utiliza el miedo como elemento de disuasión y el islam como herramienta de control, tratando de difundir la idea de que los abusos sexuales están relacionados con la indumentaria o la violación de los preceptos islámicos.

Las cifras concuerdan: el 61,4% de las personas que presenciaron una situación de acoso confesaron su rechazo a ayudar a las víctimas.

El problema del acoso sexual en Egipto, agravado en los últimos dos años, no es una cuestión de estamentos sociales o económicos, sino de algo mucho más profundo, arraigado en la sociedad desde hace décadas. Sucede a la luz de del día, y con todo tipo de mujeres: el 98% de las extranjeras afirma haber sido objeto de comentarios, tocamientos o actitudes lascivas. Para una mujer, apenas unas horas en las calles de cualquier ciudad egipcia bastan para comprender que la elección del atuendo no garantiza inmunidad frente a los depredadores.

Pero la sociedad egipcia no percibe estas diversas formas de acoso como una aberración, y se cuentan con los dedos de una mano los casos que llegan a los tribunales. Según los datos del Ministerio del Interior, en 2008 fueron violadas 55 mujeres al día. Muchas de ellas, dentro del matrimonio, donde la violencia es cotidiana.

Las manifestaciones multitudinarias que las mujeres han celebrado en todo el mundo durante los últimos meses pueden estar dando paso a un progresivo cambio de mentalidad en las nuevas generaciones. Iniciativas como The Uprising of Woman in the Arab World indican que algo, lentamente, se está moviendo. Ante la impunidad de los asaltantes, grupos como Tahrir Bodyguard patrullan las calles egipcias pertrechados de chalecos reflectantes y cascos y tratando de luchar contra las turbas organizadas. “En Egipto no habrá revolución sin las mujeres”, reza uno de los eslóganes de la iniciativa OpAntiSH.

Una verdadera democracia no es solamente el gobierno de la mayoría si no también la protección de los derechos básicos humanos y civiles de las minorías. Una democracia tras años de monarquías, colonialismo y dictaduras militares no se construye de un día para otro, se requieren décadas de esfuerzo y trabajo diario para cambiar las estructuras de poder y crear unas instituciones independientes. La tarea no acaba con el derrocamiento del régimen, eso es sólo el inicio de un proyecto en constante cambio, ante la cual la ciudadanía no se puede dormir o le arrebatarán los derechos reconocidos, como bien estamos demostrando en Europa. Ante estos objetivos el pueblo egipcio está enseñándonos que dos años después sigue atento a sus representantes, que las personas siguen implicadas en los distintos grupos de actuación política y social. Hay mucho ruido, muchas influencias y presiones internas y externas, pero ell@s siguen empeñados en hacerse escuchar.

(*) Esta entrada lleva firma porque las ideas no han sido consensuadas con el grupo, así que todas las críticas que a ella se pueden hacer recordad que son para la que suscribe y no para el magnífico equipo del grupo Internacional Acción en Red Madrid.