ESTADO JUDÍO Y DEMOCRACIA: LA ANTÍTESIS SIONISTA

Publicado: 28 abril, 2014 de accionenredinternacional en Sin categoría

A tan sólo 7 días para que finalice el período preestablecido de 9 meses para alcanzar un acuerdo marco de las negociaciones, todo parece indicar que, por desgracia, éstas quedan, de nuevo, estancadas.

La problemática surge ante la insistencia de Netanyahu de incluir, como clausula innegociable, el reconocimiento por parte de Palestina de Israel como estado judío. Ante esta cuestión, que supondría negar el derecho al retorno de los palestinos que se exiliaron en 1948 cuando se creó el Estado de Israel, Abbas mantiene su negativa, ya que se vulnerarían a miles de personas que tuvieron que abandonar sus hogares en la Palestina histórica, y que hoy se encuentran en campos de refugiados en Cisjordania, personas que llevan reclamando más de 65 años su derecho a volver a los hogares que tenían en ciudades hoy israelíes como Haifa o Tel Aviv. La postura del dirigente palestino ha sido respaldada por la Liga Árabe en su última cumbre, celebrada en Kuwait el pasado marzo. En dicha cumbre, los países miembro han pedido al Consejo de Seguridad de la ONU hallar una solución al conflicto sobre la base de la creación de dos Estados y el regreso de Israel a las fronteras de 1967. Ésta es la condición más importante para una prórroga en los diálogos que, a su vez, plantea Palestina: el gobierno de Tel Aviv debe detener la construcción de asentamientos ilegales en Cisjordania.

La postura de Netanyahu, que considera que “como un Estado-nación, Israel es el Estado-nación judío. Así que si no conseguimos el reconocimiento de los palestinos, en esencia, nos están diciendo que les demos su propio Estado y ahora quieren la mitad de nuestro Estado”, ha sido criticada por el propio John Kerry, quien le ha recordado que la ley internacional ya reconoce a Israel como un Estado judío (“el asunto del se resolvió en 1947 en la Resolución 181 donde hay más de 40 menciones al Estado judío… además, Arafat en 1988 y luego en 2004 confirmó que estaba de acuerdo con la existencia de un Estado judío”) y que la insistencia en una declaración pública sobre este reconocimiento es un “error” en el proceso diplomático.

Cabe recordar que el reconocimiento de Israel como Estado judío nunca fue una condición para que se alcanzara la paz con otros países árabes, como en los casos de Egipto y Jordania; además, el proceso de paz entre Israel y Palestina es importante porque está en juego la reconciliación de toda la zona

israel-pakestina

 

Muchos son los expertos que plantean dudas sobre las consecuencias que podrían derivarse del establecimiento de un Estado judío.

Con razonamientos similares a los esgrimidos por los dirigentes palestinos, Saheb Erakat, experimentado negociador palestino, afirma: “Desde el punto de vista israelí, reconocer a Israel como un Estado judío equivale a derogar el derecho al retorno o una solución al problema de los refugiados basada en la resolución 194 de la Asamblea General de la ONU”, denunciando este gesto como “una exigencia totalmente nueva. ¿Existe un solo dirigente palestino en su sano juicio que pueda aceptar eso? ¿O el objetivo es únicamente hacer imposible la firma de un acuerdo de paz con Israel?”

Gideon Levy, analista de izquierda del diario israelí Haaretz, es más duro con la postura de la directiva israelí, ya que “diagnostica síntomas clásicos de trastorno obsesivo compulsivo (TOC) en los incesantes pedidos de Israel de ser reconocido por los palestinos como ‘el Estado judío'”. “Nadie sabe definir exactamente lo que es un ‘Estado judío’, ni en qué consiste su ‘carácter judío'”, destaca.

Mientras que Alexander Montero, director del Centro Colombiano de Estudios Árabes, menciona varias cuestiones a tener en cuenta. “Desde 1988 Palestina reconoce a Israel como Estado sin que Israel haga lo mismo con Palestina. Por lo tanto nadie pone en duda la existencia de Israel como una instancia internacional. No es coherente añadir un elemento más, una característica de judío a un Estado que ya ha sido reconocido”.”Se trata de una categoría racista”, añade. “Esta propuesta equivale a decir que un Estado determinado pertenece exclusivamente a una etnia determinada –aunque hoy es una verdadera torpeza suponer que existe una etnia judía-. Equivaldría a decir, por ejemplo, que Francia pertenece exclusivamente a los franceses y sólo ellos pueden vivir allí. En tercer lugar, aún pasando por alto el argumento anterior, les corresponde a los israelíes definir cuáles quieren que sean sus propias características. No es un tema que deba hacer parte de la discusión de la comunidad internacional. Vale la pena recordar que cuando el presidente Harry Truman firmó el telegrama de reconocimiento al Estado de Israel, corrigió la versión original del telegrama que decía Estado Judío de Israel y lo cambió por Estado de Israel simplemente. De hecho fue por las mismas razones mencionadas. En Israel no solamente viven judíos. Hay una porción de la población que es árabe y otra de musulmanes y cristianos que no son no árabes.”

¿Qué pasaría con ellos si Israel fuera reconocido como Estado judío? ¿Tendrían que exiliarse? ¿Serían considerados ciudadanos de segunda categoría?

Todas estas cuestiones no hacen sino poner de relieve la complejidad de la sociedad israelí, algo que merece un poco más de atención, con el objetivo de desentrañar ciertos conceptos, su origen e implicaciones.

Grupos poblacionales en Israel

 Ur Shlonsky, israelí, profesor en la Universidad de Ginebra, señala ciertas cuestiones que se han mantenido a lo largo de la historia del pueblo judío. “Israel siempre ha fundado sus instituciones en la negación de la igualdad con los no judíos. Esto  afecta a las tablas de las estadísticas vitales en el Anuario Estadístico de Israel. En 1995, la oficina de estadística israelí, introdujo el parámetro “grupos poblacionales”, una categoría con dos valores: “judíos y otros” y “árabes”. Esto revela la aparición, por primera vez en la historia de Israel, de una definición étnica de judío.

Todos los países modernos, naturalmente, están interesados en los datos demográficos, todos los países tienen una oficina que recoge datos de nacimientos, muertes, inmigración, crecimiento de la población, distribución regional, tamaño de las viviendas, etc. Las cifras, en general, son clasificadas por parámetros familiares tales como sexo y edad. Sin embargo, la clasificación cruzada por categorías religiosas en virtualmente todas las tablas es bastante sorprendente. Lo que hace único el caso de Israel, es la omnipresencia de categorías religiosas.

La afiliación religiosa es un estado impuesto en Israel y nunca es un hecho por elección personal. Todas las tarjetas de identificación emitidas a los residentes incluyen una afiliación religiosa a la que llaman “nacionalidad”, la cual es  extremadamente difícil para querellar legalmente.

El judaísmo, a diferencia del Islam y del cristianismo, queda definido como una categoría racial, como el color de la piel; sin embargo, a diferencia del color de la piel, tiene una base metafísica y no genética.

[Los árabes siempre estuvieron definidos étnicamente. Una persona árabe es alguien nacido en un país de habla árabe, independientemente de su religión, de su afiliación política, del color de su piel y de si es o no muslumán. Los países árabes son 22:

arabworld

 

Árabe hace referencia a los habitantes de los países que hablan este idioma, del mismo modo que lo puede hacer para un español la palabra «hispanohablante». Irán, Pakistán, Turquía, Azerbaiyán, Turkmenistán y otros países, no son países árabes y por tanto sus habitantes tampoco lo son, allí no se habla árabe, se hablan otros idiomas, varios idiomas. A pesar de todo, hay que puntualizar que en los «países árabes» existen también otras lenguas y otras culturas: bereberes y kurdos, por ejemplo, son residentes en países árabes pero no hablan árabe.

Musulmán es una persona que cree en «la religión de Mahoma», del mismo modo que un budista cree en el budismo y que un cristiano cree en el cristianismo. Y digo cristianismo y no catolicismo, porque al igual que el mismo, el islam tiene ramas, y cada una tiene sus diferentes. Esto quiere decir, que los musulmanes pueden ser suníes o chiíes. Aquí tenéis un mapa con los países musulmanes:

Paises Arabes 05

  • Se puede ser árabe y musulmán.
  • Se puede ser árabe y no musulmán (como los cristianos coptos egipcios)
  • Se puede ser musulmán sin ser árabe (como muchos de los habitantes de países como Irán o Pakistán).
  • Y se puede vivir en un país árabe o musulmán sin ser ni árabe, ni musulmán.]

Comenzando con el Censo de 1995, debido a la llegada de muchos inmigrantes, no listados como judíos en el Ministerio del Interior, las definiciones de grupos religiosos y de población fueron alterados en las tablas de estimación de población:

-Judíos y otros

-Judíos

  1. -Askenazíes: descendientes de los judíos emigrados desde Europa Central tras la segunda guerra mundial. Suelen ser de derechas, y se les prohibió mantener sus culturas para poder crear la cultura israelí. Suponen la élite.
  2. -Sefardíes: judíos emigrados desde el norte de África y Asia a partir de los 50, que se han insertado en las capas bajas de la sociedad. Se empieza a ver una diferenciación por clase económica, y por etnias]
  3. -Rusos: llegados en los 80, se sitúan en la derecha laica, son muy racistas.
  4. -Etíopes: llegados en los 90, tradicionalistas]
  5. -Cristianos: según localidad de residencia, nacionalidad y país de nacimiento
  6. -Cristianos árabes: alguien que vive en una localidad árabe, o alguien que está listado como de nacionalidad árabe por el Ministerio del Interior (incluyendo si el padre nació en un país árabe)
  7. -Otros cristianos (no árabes)
  8. -Árabes

Según Alison des Forges, miembro de Human Rights Wathch,  “encontramos un problemático paralelo entre la preocupación israelí por los datos demográficos sobre origen étnico y religión y los de Ruanda antes de la limpieza étnica de 1994”. Des Forges sostiene que la existencia de datos relativamente precisos sobre la distribución demográfica de los tutsis fue un factor que facilitó “el genocidio más rápido de la historia moderna”. Rápidamente uno piensa en los Protocolos de Wansee, recientemente estudiados por William Selzer. Esta infame acta de la conferencia nazi en Berlín en enero de 1942 – sacados a la luz durante los juicios de Nuremberg al final de la guerra– contenía una tabla detallada del número de judíos en cada uno de los treinta y cinco países de Europa. La tabla estaba acompañada por detalladas explicaciones sobre el impacto que las diferentes definiciones de “judío” en cada país podrían tener en el recuento total.

¿Cuál es el propósito de la oposición judío/no judío?

1.- sirve como base para una amplia legislación discriminatoria. Por ejemplo, la Autoridad de Tierras de Israel (ATI) es el órgano ejecutivo del Fondo Nacional Judío. El 92% de la tierra controlada por Israel pertenece al FNJ, que prohíbe el arrendamiento de la tierra a los no judíos.

2.- Restricciones del mismo tipo se imponen a los no judíos en lo relativo al acceso al agua para la agricultura o a la elegibilidad para asistencia financiera del gobierno. En efecto, gran parte de esta asistencia se otorga solamente a ciudadanos que hayan cumplido con el servicio militar o para quienes, debiendo haberlo cumplido, fueron exceptuados por ser judíos ortodoxos. Un ejemplo reciente de discriminación al estilo apartheid se puede encontrar en la propuesta del Consejo sionista de cortar el subsidio para niños del Instituto nacional del seguro, comenzando a partir del quinto hijo, para limitar la tasa de nacimientos.

3.- Para la naturalización, Israel practica el jus sanguinus, según el cual la sangre o la etnicidad son los elementos definitorios. Así, automáticamente la ciudadanía israelí se concede a “judíos y otros”, pero no a los no judíos.

El proyecto sionista

 >>>El programa del gobierno del Likud es llevar el proyecto sionista hasta su conclusión transformando todo el “Eretz Israel” (según la definición bíblica, las tierras entre el Mediterráneo y el Jordán) en un Estado judío con un mínimo de habitantes no judíos. El debate público se centra en el significado de “mínimo”. Según los institutos de investigación dominados por el Likud, el consenso es que una proporción de 8 a 2 a favor de los judíos es “algo con lo que podemos vivir”.

>>>Hay que tener en cuenta que el término usado en hebreo no es “liberar”, sino “redimir”. En la teología mística judía-ortodoxa se hace referencia tanto a la redención del alma individual como a la del pueblo judío, la cual será alcanzada con la llegada del Mesías. De acuerdo con la doctrina sionista, “la redención de la tierra” simplemente significa que si un pedazo de tierra es poseído colectivamente o individualmente por judíos, está “redimido”. La guerra de 1948 dejó el 22% de la tierra (a saber Cisjordania y Gaza) en manos no judías y la tarea esencial ahora es redimir esta parte de “Eretz Israel”. La idea de expulsar a los palestinos, llamada “transferencia” en el lenguaje político israelí, está entretejido con el discurso sionista.

-Para Avigdor Lieberman, ex-ministro de Defensa, que supone la expulsión física de los palestinos más allá de las fronteras del Gran Israel, si rechazaban prestar juramento de lealtad a Israel como un Estado judío.

-Para Rehavam Zeevi, político de ultraderecha israelí: “transferencia voluntaria”: se compara el aspecto “voluntario” de la “transferencia” con el de un esposo judío que rechazaba otorgar el divorcio a su esposa. Dado que la corte rabínica no tiene autoridad para disolver un matrimonio sin el consentimiento del marido, la autoridad religiosa debe utilizar la fuerza: incomunica al marido obstinado, lo golpea y lo encarcela hasta que él “voluntariamente” repudia a su mujer. Este es el camino para que los palestinos se vayan “voluntariamente”.

-Para Efi Eitam, político israelí, ex-líder del Partido Nacional Religioso: “transferencia por necesidad”

>>>Tres condiciones deben ser satisfechas para garantizar el éxito del programa de Israel:

1.- La resistencia Palestina debe ser aplastada = “matriz de control”

– Operaciones militares continuas, que no distinguen entre movimientos ciudadanos y partidos políticos, sino que toman como objetivo a la sociedad palestina en conjunto.

– Expulsiones masivas como la del 48, sólo posibles en condiciones excepcionales, es decir, una guerra > tomar acciones para desestabilizar

– Dificultar la vida diaria: bloquear aldeas y ciudades, impedir el ejercicio normal de la vida económica, aislarles de sus lugares de trabajo, escuelas, hospitales > fomentar la migración + debilitar futuras expulsiones

– Eliminar a la vida política palestina (asesinato de Ahmed Yabari en noviembre de 2012, operación Pilar Defensivo, a dos semanas de las elecciones generales israelíes)

– Continuar y expandir la actividad de los asentamientos. Según Isaac Rabin, premio Nobel de la Paz, “todos los judíos tienen el derecho inalienable de vivir en cualquier lugar ‘Eretz Israel’“

2-. El apoyo público debe ser asegurado y se debe contar con la participación activa de al menos un sector de la sociedad israelí en forma operativa.

3.- La crítica internacional debe ser silenciada. ¿Cómo? Movilizando a las comunidades judías. En este contexto, es necesario utilizar, y en el largo plazo estimular, el odio de los judíos en Europa y otros lugares, para crear una solidaridad judía con el proyecto sionista. Y así los autoproclamados líderes de esas comunidades tienen una tarea esencial: conducir y sustentar una identidad judía centrada en una total identificación con Israel, y despreciar y marginalizar toda otra forma de identidad judía. En este aspecto, deberían citarse las recientes palabras de Alfred Donath, presidente de la Federación Suiza de Comunidades Judías: “El único aliado real de Israel es el pueblo judío. Debemos sostenerlo y a sus dirigentes democráticamente electos, quienquiera que sean, con sus cualidades y defectos, sus aciertos y sus errores, su valentía y sus pasos en falso. Tanto si acordamos con sus políticas como si no entendemos todas las decisiones del gobierno. Es indecente hoy, mezclar nuestras voces con las de sus detractores”

 Nación y territorio: los derechos de los ciudadanos

>>>Para Aharon Barnea, comentarista en Ha’aretz, “es precisamente este concepto no-territorial de ciudadanía el que determinó la exclusión de los judíos en la Europa premoderna. Por su naturaleza, esta versión de la nacionalidad engendra intolerancia hacia los extranjeros, desarrolla la idea de que grupos étnicos o religiosos que viven como tales en un país no pueden ser integrados dentro del espíritu o la sustancia constitutiva del país, aunque sus ancestros hayan vivido allí por siglos. El carácter del Estado de Israel, que por un lado aspira a ser democrático, y por otro a ser el Estado del pueblo judío, conduce a una contradicción que sólo puede terminar en calamidad”.

>>>La idea de que los derechos de los ciudadanos judíos son más importantes que los del resto aún continúa prevaleciendo en Israel, según lo que señala Haaretz en una encuesta llevada a cabo en noviembre de 2013. Aproximadamente la mitad (49 %) de los judíos de Israel consideran que los ciudadanos judíos deben tener más derechos que los no-judíos. La mayoría de los judíos críticos consideran que las decisiones nacionales deberían ser tomadas por una mayoría judía, en asuntos referidos a paz y seguridad (67 %) y cuestiones socioeconómicas (57 %). 47% de los judíos dijeron que, en relación a sus vecinos, su mayor repugnancia es la de tener cerca a un “árabe”. La encuesta, por supuesto, perpetúa este racismo denominando “árabes” a los judíos palestinos de Israel. El 56%, expresa antipatía a tener a un trabajador extranjero como vecino (entre quienes serían incluidos los refugiados africanos). Por otro lado, el 42% de los encuestados palestinos comparten una aversión a una familia judía como vecina.

El proyecto sionista para los ortodoxos

>>>Dentro de la propia clasificación de judíos, nos topamos con diferencias, esta vez sí que de corte religioso:

– Israelíes laicos

– Israelíes más o menos practicantes del judaísmo

– Israelíes ortodoxos:

– Hasídicos ultraortodoxos: son los que visten de negro, que se dedican al estudio de la Torah, y están exentos de realizar el servicio militar obligatorio

– Hasídicos ortodoxos extremistas: tienen partidos políticos y aunque son muy pocos su importancia radica en que suelen inclinar la balanza en el Parlamento mediante alianzas. Junto con el grupo anterior configuran un 6% de la sociedad israelí. Reciben muchas subvenciones.

– Ortodoxos no hasídicos: visten como occidentales pero con Kipá generalmente. Existen mil ramas. Son religiosos nacionalistas que al contrario que los grupos anteriores sí van al ejército y no viven en barrios definidos.

>>>Gabriel Albiac, catedrático en Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, afirma que “el sionismo no nació en medios rabínicos ni ortodoxos. Fue esencialmente un fruto del judaísmo laico; en buena parte, de sus tendencias más radicales, entreveradas con el naciente socialismo. Su objetivo político chocó frontalmente con las posiciones mayoritarias del rabinato de la diáspora, que vieron en él una sustitución laica del ideal religioso. Las importantes concesiones otorgadas tras la formación de Israel por David Ben Gurion a ese rabinato ortodoxo no lograron nunca borrar del todo un conflicto básico e irrebasable. El fracaso de la «Haskala», el movimiento asimilacionista que intentó, primero en Alemania y luego en Rusia una integración plena del judaísmo en Europa, y los pogroms de 1819 y 1881, son los presupuestos inmediatos del ascenso del movimiento sionista.”

>>>Esto queda confirmado por las declaraciones del líder de la comunidad Neturei Karta, el ultraortodoxo pero antisionista rabino Leibele Weisfisch: “El nazismo destruyó físicamente al judaísmo, el sionismo lo destruyó espiritualmente. El establishment oficial judío marginaliza y descarta enteramente la tradición europea judía, muy involucrada en la construcción de la moderna Europa secular (laica) al menos desde la Ilustración del siglo XVIII. Esta herencia incluye una tradición universalística, obrera y socialista, pero también un lenguaje, una literatura y una red de comunidades que era al mismo tiempo tanto europea como judía. Es decir, llamando a “todos los judíos” a formar un bloque detrás de Israel, identificando toda la Diáspora con el Estado judío y a todo el judaísmo con el sionismo, los sionistas ayudan a fortalecer, junto al antisemitismo “clásico”, que nunca fue totalmente derrotado, a un nuevo antisemitismo, cuidadosamente construido y alimentado por la amalgama de judíos/sionistas.”

>>>Es importante afirmar que Israel es un Estado que encarna todos los valores contrarios a la ética judía, la quintaesencia del anti-judaísmo. Los preceptos generales de la ética judía se basan en el principio “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18). “El que es amado por los hombres, lo es también por Dios” (Pirké Avot 3:1 3). “No hagas a otros lo que no quieras para ti” (Hillel, Shab 31 a). El Estado de Israel ha significado un cambio drástico en el judaísmo, al sustituir la ética por un valor tan dudoso como es el de la identidad nacional, sujeto a la forma de un estado-nación contemporáneo. Israel se ha reducido a un proyecto político de un Estado-nación colonialista, que necesita de la guerra, que vive de la guerra y para la guerra. Por ello es tan importante la reacción de los judíos, el retorno al judaísmo como un camino de liberación, el despertar ante la manipulación a la cual su religión está siendo sometida. En todo el mundo existen organizaciones judías de oposición a las políticas del estado de Israel.

>>>Desde hace más de medio siglo, el objetivo de los dirigentes sionistas ha sido doble: la puesta en pie de un Estado judío en Palestina + la creación de un “judío nuevo”, liberado de una vez por todas de los rasgos de la diáspora que aborrecían: intelectualidad, debilidad física, sumisión. El ejército era percibido como una de las herramientas más importantes para realizar ese objetivo; era también un valor en sí mismo, última expresión de la soberanía judía y de la entrada del Judío nuevo en la modernidad. Para los judíos ortodoxos, el sionismo, abogando por un fin político y militar para el exilio judío, niega la esencia misma de nuestra existencia de la diáspora. Estamos en el exilio por Decreto Divino y puede surgir desde el exilio únicamente a través de la Divina Redención. Todos los esfuerzos humanos para modificar una realidad metafísica están condenados al fracaso y derramamiento de sangre. La historia ha confirmado claramente esta enseñanza. El sionismo ha creado un pseudo-judaísmo: la identidad de ser un nacionalismo secular. Por consiguiente, el sionismo y el Estado de Israel siempre han procurado, a través de la persuasión y la coerción, para sustituir al Divino y la Torá centrando su comprensión encapuchando a nuestro pueblo con un materialismo armado. Por lo tanto, su negativa a prestar el servicio militar, no es más que un rechazo del Estado que en su opinión no es otra cosa que una estructura administrativa que no posee ningún valor en sí mismo y, en el mejor de los casos, no es diferente de cualquier otro Estado del planeta. Su “antisionismo” expresa un rechazo a sacralizar el Estado de Israel y a legitimar cualquier lazo entre éste y el destino del pueblo judío. Israel no será un “Estado judío” más que cuando el Mesías venga y su gobierno esté regido por las leyes de la Torah. La pretensión sionista y constitucional de ser un estado judío es, para los ortodoxos, una forma de blasfemia.

>>>Yair Lapid es una estrella de la televisión que se lanzó a la política en 2012. Su programa electoral se limitaba a un eslogan: “reparto equitativo de las cargas”. Las “cargas” en cuestión comprendían el servicio militar. De hecho, el llamamiento a que todo el mundo hiciera su servicio militar solo se utilizaba para atraer a las clases medias y no religiosas de Tel-Aviv. La verdadera carga evocada por Lapid era de orden financiero, es decir, los servicios públicos y las ayudas sociales a los más pobres. Entre ellos, en particular, los ortodoxos que viven mayoritariamente por debajo del umbral de pobreza. “¡Todos esos parásitos, esos religiosos, con sus docenas de críos y que ni siquiera trabajan!” tal es el mensaje que quería oír esa clase media, que, consiguientemente, envió a Yair Lapid y a19 candidatos de su partido Yesh Atid a la Knesset, haciendo de él la segunda fuerza política en el parlamento israelí. Nombrado ministro de Economía, Lapid se ha visto confrontado a gigantescas manifestaciones contra el servicio militar. Ante esta oposición masiva y combativa del mundo ortodoxo y de sus rabinos a la idea de que se les imponga el servicio militar, la respuesta del gobierno (contra la voluntad de una parte de los ministros) ha sido utilizar la fuerza y castigar con el encarcelamiento a algunos refractarios llamados a filas. Esos jóvenes sancionados se han convertido en mártires que refuerzan aún más las movilizaciones y, accesoriamente, ponen a Benyamin Netanyahu y al Likud en una situación delicada en el futuro, al haber jurado ciertos rabinos, cuya palabra tiene mucha influencia, que nunca jamás apoyarían al partido contra sus adversarios de izquierda. El diálogo es imposible porque los presupuestos y los sistemas de valores no son los mismos. El llamamiento al patriotismo, al respeto a la ley y los valores democráticos, a la decisión de la mayoría, todo eso no tiene ningún sentido en los barrios de Mea Shearim. Solo cuentan la ley de la Torah y las decisiones de los rabinos.

El ejército, pilar y esencia de la sociedad israelí

Como constata Pepe Goldman, sociólogo y consultor de ONG’s, es difícil encontrar en todos estos grupos un común denominador.  Quedan unidos a su subgrupo y son muy xenófobos entre ellos lo que deriva en un conflicto latente. Algo que se podría decir que los une es un sentido del victimismo. Los askenazis y sefardíes se separan en distintos colegios. A los etíopes no se les permite entrar en todos lados. Se está intentando que los refugiados sudaneses no estudien en la escuela pública. También les une la política del miedo.

Pepe también puso de manifiesto un rasgo típico en la sociedad israelí: la omnipresencia del ejército. El ejército da oportunidades tanto sociales como económicas porque está muy bien considerado a la hora de conseguir empleo. Es muy común preguntar si se ha hecho la mili en una entrevista y qué o dónde la hiciste, aunque oficialmente la Corte lo ha prohibido. Además el ejército está muy politizado: muchos de los altos cargos militares se hacen políticos.

Aunque el ejército también ayuda a mezclar las partes del mosaico que supone la sociedad israelí ahora se empieza a ver que existen algunos fallos:

– El servicioes obligatoria a los 18 años durante 3 años para los hombres y 2 para las mujeres

– Los ultraortodoxos (unos 180.000) y los árabes-israelíes (unos 370.000) están exentos. Hablamos de casi un 45% de la sociedad israelí.

– Hay personas que se niegan a ir a la mili (refuseniks) por causas médicas o como insumisos declarados ya sean políticos o pacifistas. Son muy pocos y están muy mal vistos incluso entre la izquierda

– Los mismos militares el pasar durante una temporada tan larga de su vida actuando tan violentamente les lleva a que cuando se reinsertan en la sociedad siguen siendo agresivos, lo que ha incrementado los conflictos violentos en la sociedad israelí en los últimos años

– Si los religiosos no van al ejército, existe una opción de realizar un servicio social en vez de militar pero en vez de negociarlo tratan de imponerlo por la fuerza.

 

 

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comentarios
  1. churruflisquis dice:

    -Hermanos Palestinos ; no queremos ayudaros , ni daros un poco de nuestra tierra ; porque mientras sigáis oprimidos tenemos una razón para odiar a Israel , que es más justo y democrático que nosotros . (Mundo árabe)

  2. Abdo Tounsi dice:

    Reblogueó esto en y comentado:
    Cabe recordar que el reconocimiento de Israel como Estado judío nunca fue una condición para que se alcanzara la paz con otros países árabes, como en los casos de Egipto y Jordania; además, el proceso de paz entre Israel y Palestina es importante porque está en juego la reconciliación de toda la zona.
    Con razonamientos similares a los esgrimidos por los dirigentes palestinos, Saheb Erakat, experimentado negociador palestino, afirma: “Desde el punto de vista israelí, reconocer a Israel como un Estado judío equivale a derogar el derecho al retorno o una solución al problema de los refugiados basada en la resolución 194 de la Asamblea General de la ONU”, denunciando este gesto como “una exigencia totalmente nueva. ¿Existe un solo dirigente palestino en su sano juicio que pueda aceptar eso? ¿O el objetivo es únicamente hacer imposible la firma de un acuerdo de paz con Israel?”

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